Por Agrupación de Lucha Socialista. Mayo de 2021.

El ataque reaccionario del régimen agudiza la política anti obrera

Desde 2018 vivimos en una crisis económica profunda en todo el mundo que se aceleró durante la pandemia por Covid-19; aquí en México acabamos de padecer la inflación que va creciendo en varios alimentos y en los millones de desempleados. Esta situación va acompañada de una crisis política del sistema democrático capitalista como las protestas masivas de 2019, extendidas por todos los continentes y, con gran radicalidad, algo que no veíamos desde la década de los sesenta. Sin embargo, estos levantamientos populares mundiales y, en México, fueron frenados por la política reaccionaria de encierro masivo ante la pandemia por covid-19 determinada por la mayoría de gobiernos a nivel internacional y que, en los hechos, suspendió y restringió nuestros derechos democráticos hallando poca resistencia desde la izquierda.

En vez de intervenir eficaz y gratuitamente para atender los estragos de la pandemia, los capitalistas y sus gobiernos títeres están aprovechando la misma para cargar los costos de su crisis en los hombros de las y los trabajadores con una ofensiva reaccionaria para aplicar las más posibles reformas neoliberales anti obreras, como la reforma laboral y educativa, aprobadas en 2019, la aplicación de la UMA a pensiones, la legalización del outsourcing, la restricción de trabajadores beneficiarios de la ley del teletrabajo, el ataque a los contratos colectivos de trabajo, mediante su mañosa revisión cada 4 años y su política de desgaste hacia las huelgas y luchas actuales como la de los trabajadores de SUTNOTIMEX y las trabajadoras de intendencia del IEMS.

El gobierno burgués de AMLO entregó nuestros derechos laborales al imperialismo yanqui y a los empresarios nacionales y extranjeros a través de la firma del TMEC sin oposición alguna de los sindicatos, ayudado con el margen de confianza que le da gran parte de sus simpatizantes. A pesar de los discursos y promesas de Obrador al magisterio, las últimas reformas laborales y educativas aprobadas por esta administración, no solo continúan la política neoliberal del PRI y el PAN, sino que son, aún más agresivas para los trabajadores.

Para nosotros, como trabajadores de la educación, su aplicación ha traído retrocesos históricos en nuestras conquistas laborales: desde expulsarnos del artículo 123 constitucional y dejarnos en un estado de excepción sin un reconocimiento pleno de todos nuestros derechos como trabajadores y peor aún, para las Normales a través de su terrible abandono, basta mencionar la eliminación del otorgamiento de plazas automáticas para los egresados o la pretensión de convertirlas en “Universidades del Bienestar” bajo el modelo educativo neoliberal y clientelar; así como, bajo el pretexto de la austeridad republicana, la eliminación de plazas y el tope salarial; intensificando la reducción de maestros y la sobre carga de trabajo a quienes se quedan laborando.

Con una ley USICAMM que combina la ley de Carrera Magisterial inaugurada por Carlos Salinas en los noventas y la recién extinta Ley del Servicio Profesional Docente y que, en los hechos, despojó al Sindicato magisterial de una de sus principales materias de negociación sindical referente al ingreso, promoción y permanencia de los docentes. Vale denunciar además, que las normas de la USICAMM imponen un modelo meritocrático que pone a competir a los docentes, por un número insuficiente plazas ofertadas o, incluso, nulas o con convocatorias fantasmas cuyos requisitos no puede cumplir ningún docente, por lo que, en los hechos, coloca un tope salarial, nos congela en nuestra actual plaza, elimina el reconocimiento al trabajo docente y, peor aún, sin estabilidad laboral y precarizados por las pocas horas de trabajo que nos ofrecen de hasta de 9 o 12 horas, en suma, resulta una simulación cínica.

Durante la Educación a distancia, muy acorde con su política de austeridad, el Gobierno Federal le cargó la crisis educativa a las familias de alumnos y docentes los gastos de la educación, quienes por más de 1 año estamos absorbiendo directamente la educación pública ante la des-responsabilización del Estado. Al principio de la pandemia el gobierno sin un plan efectivo, ha optado por la simulación, primero, obligando a las comunidades escolares a terminar el semestre improvisadamente; luego pactando con los grandes monopolios de las telecomunicaciones quienes recibieron millones de pesos del gobierno federal con diferentes versiones del Aprende en Casa, lo que significó un avance a pasos agigantados de la privatización de la educación, ahora en línea y después híbrida; cuyo antecedente anterior fueron las TIC´s. En cuanto a nuestras condiciones laborales, empeoraron: se introdujo una mayor flexibilidad laboral (la cantidad de trabajo se multiplicó, los horarios de jornada no se respetaron en la mayoría de los casos) y mayor vigilancia de las autoridades hacia nuestras clases. Aunque la CNTE rechazó declarativamente estas medidas, no logró articular a nivel nacional un programa educativo emergente para afrontar la pandemia; por el contrario, en los hechos, la CNTE se fue a la zaga de la política educativa de Moctezuma Barragán y la 4T, salvo casos aislados. Las clases en línea han repercutido a su vez, en la pérdida del principal espacio organizativo para el magisterio disidente que son las escuelas y sus comunidades.

Crisis de la CNTE

Durante el sexenio de Peña Nieto, la CNTE fue la vanguardia, no solo de la lucha magisterial sino el frente más enérgico contra todas las reformas estructurales, ¡espíritu combativo que necesitamos recuperar desde las bases!

Actualmente la CNTE se encuentra en una crisis política profunda. En su confianza hacia el gobierno actual, la CNTE se desmovilizó desde 2018 y, por ende, ha perdido su capacidad de negociación, lo vemos en este año que Obrador ha mantenido las puertas cerradas de Palacio Nacional haciendo oídos sordos a las demandas de las diferentes secciones del magisterio.

Vemos que la política de AMLO hacia los grandes sindicatos estatales está encaminada a sustituir el control de los partidos tradicionales como el PRI para colocarse al frente del aparato corporativo del régimen, lo vemos en PEMEX, en el SNTE y en el de mineros. En el caso concreto del SNTE, el gobierno federal, ha pactado con las principales facciones charriles que se disputan la dirigencia del sindicato nacional; apoyándose en ellas para impulsar el modelo de educación virtual durante el confinamiento, contener toda posible expresión de descontento al respecto; así como, para avalar las leyes neoliberales de este sexenio en continuidad con los anteriores. Elba Esther Gordillo ha sido beneficiada durante este gobierno con su liberación de la cárcel, la devolución de sus bienes y el registro de su partido político (sus colaboradores más cercanos, incluyendo a su propio yerno, apoyaron a Delfina Gómez en su candidatura a la gubernatura estatal del Edomex y aplaudieron su colocación al frente de la SEP, nombrada por AMLO). Mientras que, al charro, Alfonso Cepeda Salas, le dejó el manejo de las cuotas sindicales y, por ahora, el congelamiento de las elecciones de delegados para las diferentes instancias de representación.

Con la CNTE, principal fuerza aglutinadora de la lucha magisterial y referente para otras resistencias populares, Obrador tuvo que buscar cómo hacerla su aliada. Arrancando el discurso del combativo magisterio de 2013 contra la mal llamada reforma educativa logró, con el canto de las sirenas, la simpatía de muchos maestros; mientras que, a ciertos líderes, los ha ganado con el anzuelo de las candidaturas electorales. En cualquier, caso, ha significado la grave pérdida de independencia política, ideológica, organizativa y de movilización de uno de los referentes de lucha históricos más importantes en este país y uno de los pocos que hizo frente a las reformas estructurales. El objetivo del gobierno actual es quitarle a la CNTE su carácter disidente, combativo y de clase como principal referente del movimiento magisterial y popular. Esto ha repercutido desfavorablemente en la correlación de fuerzas tanto para los trabajadores de la educación como para otras resistencias.

Las demandas específicas como liberación de presos políticos, reinstalación de los cesados y una cantidad limitada de basificaciones fueron resultado, principalmente, de la movilización del magisterio durante el anterior sexenio y que obligaron a AMLO a tener que hacer esas concesiones. En los hechos, las mesas de negociación con la CNUN y luego, el intento de reconocimiento de la CNTE en Palacio Nacional, fueron un distractor e instrumento de contención que le funcionaron a AMLO durante la primera parte de su administración para desmovilizar a la CNTE. 

Sus efectos ya se están resintiendo al interior de la CNTE: al abandonar la movilización, se ha perdido la capacidad de negociación; una mayor concentración de las decisiones en las direcciones políticas, como la CNUN, y en secretarios generales, en detrimento de la participación y consulta de las bases y sus organismos.

La principal pérdida para la CNTE es la independencia política, organizativa y de movilización con respecto al régimen burgués. Se observa en lo educativo durante este periodo de educación a distancia por la contingencia sanitaria, en la definición de tiempos por la agenda del Gobierno Federal y haber asumido la política oficial de encierro masivo “Quédate en casa” que ha traído una CNTE desmovilizada a nivel nacional; todo esto ha debilitado a nuestra querida Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

A partir de los nulos avances de las mesas de negociación y vivir los avances de la reforma educativa neoliberal y del teletrabajo por la educación en línea han crecido ciertas voces desde las bases dentro de la CNTE que ya no están dispuestas a confiar en las mesas con el gobierno federal y apelan cada vez más a recuperar la organización presencial y la movilización como ya lo han hecho algunas secciones como aquí en Chiapas. Sabiendo que la fuerza que hemos obtenido como CNTE ha sido con los métodos de lucha de la clase trabajadora. La única manera de recuperar nuestra fuerza y unidad bajo los principios fundadores de la CNTE es retomar la lucha masiva en las calles como única vía para lograr el cumplimiento de nuestras demandas y lograr revertir la ofensiva actual en contra de nuestras conquistas laborales.

¡CNTE, levanta urgente la independencia de clase!

En el próximo XIV Congreso Nacional de la CNTE los maestros y maestras tienen una gran oportunidad de retomar los principios de la CNTE y darles vida en la lucha actual para superar la crisis política de nuestra combativa coordinadora. En particular, reivindicar el carácter de la clase trabajadora. Confiar en la política e ideología burguesas disfrazadas de “amigo del pueblo” lo que hace es entregar nuestras conquistas que tantas vidas cobró desde los 43 normalistas hasta Nochixtlán.

Que las vidas entregadas valgan la pena en la lucha política y sindical que hemos asumido colectivamente y venzamos el miedo a salir a las calles en una Jornada Nacional de Lucha para echar abajo la Reforma educativa y todas sus leyes secundarias. Recuperemos nuestros espacios y métodos de lucha con el cuidado que nuestros camaradas se merecen para recuperar nuestros derechos laborales, para defender la educación gratuita de las familias pobres, para democratizar nuestro sindicato y nuestras escuelas, para encender y hermanar nuevamente las fuerzas de las luchas contra la embestida reaccionaria de los capitalistas en crisis, que los de abajo confiemos nuevamente en nuestras propias fuerzas y no en las del enemigo burgués. ¡Recuperemos con determinación, las diferentes generaciones que convergemos en el magisterio, el principio clasista de nuestra CNTE! No solo en el discurso sino en ¡nuestra estrategia y táctica políticas sindicales para enfrentar la crisis del capitalismo, hoy!

El regreso a clases, como una tarea inmediata, no tiene por qué ser definido por las autoridades educativas ni por semáforos a modo de empresarios; son los docentes junto con madres/padres de familia y alumnos organizados en comités y asambleas, quienes deberían decidir sobre cuándo y cómo regresar a las aulas. Dentro de las condiciones para un regreso a clases el gobierno debería garantizar más escuelas, más maestros y condiciones de infraestructura e insumos para el cuidado de la salud, cantidad de alumnos por salón respetando la sana distancia, realización de un protocolo para casos de covid tanto para docentes, alumnos y trabajadores administrativos y de limpieza. Necesitamos recuperar la vida sindical y de organización en nuestras escuelas, hacer un trabajo de base.

El instrumento más fuerte de los trabajadores sigue siendo la Huelga Nacional de Trabajadores y Trabajadoras y la movilización masiva en las calles para detener las políticas anti obreras del gobierno de la 4T y del gobierno norteamericano. La CNTE sería uno de los grandes referentes morales para convocar a una Encuentro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras contra la precarización y los despidos; por la estabilidad laboral, por la defensa de nuestras conquistas laborales y por la articulación de todos los trabajadores en un programa y plan de lucha en las calles y centros laborales.

¡Abajo el T-MEC!

¡Abrogación total de la reforma laboral y educativa de EPN/AMLO!

¡Por la democratización del SNTE!

¡Eliminación de la UMA!

¡Por el regreso al sistema solidario y colectivo de pensiones y jubilaciones!

¡Por nuestro reconocimiento como trabajadores con plenos derechos, regreso al artículo 123 constitucional!

¡Aumentó salarial de emergencia del 100% bajo escala móvil de salarios!

¡Recuperar la materia de negociación sindical del proceso de ingreso permanencia y promoción laboral!
¡Rechazo a la educación híbrida!

¡Por una educación emancipadora y revolucionaria!