¡Mujeres trabajadoras, con nuestra fuerza organizada, tomemos el cielo por asalto!

Agrupación de Lucha Socialista (ALS), marzo de 2021.

1. El origen de la opresión de las mujeres es el resultado histórico de su marginación en el proceso productivo derivado del desarrollo de las fuerzas productivas y la división social del trabajo; subordinación que se consolida con el surgimiento de las sociedades de clases, la propiedad privada y el Estado.

Desde la perspectiva teórica y política del marxismo, basado en estudios históricos y antropológicos realizados a través del método dialéctico materialista, la situación de mujeres y hombres en la sociedad depende de su relación respecto a los medios productivos y de su papel en la producción y reproducción de la vida social. En la etapa primigenia de la humanidad, durante el comunismo primitivo, prevaleció una relación igualitaria entre ambos sexos debido a su participación equitativa en las labores de caza y recolección, así como el disfrute colectivo de los productos del trabajo. Pero, a medida que surgen nuevas actividades productivas, la división social del trabajo se complejiza; de la recolección de frutos nace el cultivo de alimentos y la caza deviene en la domesticación de animales; actividades que garantizaban mejor la supervivencia de las manadas y de las que se encargaron las mujeres, siendo por ello muy valoradas, así como por ser ellas las dadoras de vida, en una época en que, debido al escaso nivel técnico, los nuevas generaciones que nacían en la manada eran la principal manera de acrecentar la fuerza productiva del colectivo. Un posterior desarrollo condujo a la transformación del pequeño cultivo en la agricultura extensiva y de la domesticación en la ganadería, actividades que los hombres monopolizaron y de las cuales las mujeres fueron apartadas, relegadas a tareas menos valoradas y restringidas progresivamente al encierro en el hogar. Situación que se acentuó cuando el crecimiento de las tribus propició conflictos por territorios y recursos, haciendo que el saqueo se convirtiera en una práctica generalizada, donde además de víveres y ganado, se raptaba a mujeres (fuente de la principal fuerza productiva); práctica que con el tiempo se institucionalizó a través del intercambio regular de mujeres entre tribus, como signo de paz y alianza. 

A lo largo de este proceso, el desarrollo productivo y la división del trabajo permitieron la creación de un excedente económico, favoreciendo la concentración y acumulación de riquezas y herramientas de trabajo, que fueron convertidas en propiedad privada. Este fenómeno acentuó no solo las desigualdades entre distintas tribus, sino también al interior de las mismas. Los hombres propietarios y sus familias, se erigieron en una clase dominante, por encima de las familias desposeídas; pero asimismo, esta fue la base material sobre la cual los hombres propietarios buscaron perpetuar y transmitir su posición prominente en la sociedad. Para ello, aniquilaron el último resabio de poder que le quedaba a la mujer: la herencia por línea materna, que había prevalecido por miles de años como eje articulador a nivel social y económico, sustituyéndolo por la línea paterna que les permitió heredar a sus hijos varones. Aprovechando su nueva posición dominante, los hombres consolidaron el proceso social que derivó en la gradual reducción de las grandes familias polígamas hacia las familias nucleares, para instituir el matrimonio monogámico, reproducción a pequeña escala del naciente Estado clasista, que convirtió a las familias extensas y libres, basadas en el bien común, en una celda para miles de mujeres destinadas al extenuante y monótono trabajo doméstico, lo que constituyó una derrota histórica para las mujeres. 

Esta situación de opresión y discriminación de las mujeres, nacida durante el período de transición del comunismo primitivo hacia las sociedades de clases, se ha seguido reproduciendo y refuncionalizando desde entonces y a lo largo de la Historia de la humanidad, como un componente indisoluble de las sociedades basadas en la explotación, desde la esclavitud y el feudalismo, hasta la actual época del capitalismo. Cada sector dominante en la historia ha utilizado todo tipo de opresiones (racismo, xenofobia, machismo, homofobia) para mantener su poder sobre las clases dominadas. Por ello, como ALS, luchamos por la abolición de las clases sociales, de la propiedad privada, del Estado y de la familia burguesa como componentes estructurales que es necesario destruir para conquistar la plena emancipación de las mujeres.

2. El capitalismo nos explota y oprime; el imperialismo acrecienta nuestras cadenas como mujeres de los países más pobres. El actual sistema capitalista utilizado nuestra opresión para sacar mayor provecho de nuestra explotación. Los avariciosos capitalistas nos someten a la mayoría de mujeres, a un doble jornada de trabajo: como mano de obra barata y poco calificada, ¡formamos parte de los trabajos más precarizados y monótonos!, y como reproductora de la fuerza de trabajo mediante el trabajo doméstico sin fin. Además, nos utiliza  como ejército de reserva para deprimir los salarios y aumentar sus tasas de ganancia. Mientras que, a mujeres de los sectores más pobres y, generalmente, de los países semicoloniales las ha esclavizado en las redes de trata y convertido en mercancías sexuales desechables (en la prostitución o que también se expresa en el alquiler de vientres), cuyos mercados se encuentran, principalmente, en las potencias desarrolladas. Finalmente,  el capitalismo nos asigna el papel de consumistas, sujetas al crédito de los usureros banqueros quienes también nos exprimen los bolsillos y las fuerzas. 

En cuanto al imperialismo, las mujeres de los países colonizados sabemos que cuando las fuerzas imperialistas de ocupación militar se instalan en nuestras regiones somos botín de guerra para los invasores, sometidas a la represión, al abuso físico y sexual. Por otro lado, las mujeres de las grandes potencias, aunque también son oprimidas en ciertas áreas, tienen más oportunidades que las mujeres de los países pobres, debido a la dominación económica y política que ejercen los capitales imperialistas en contra de los países semicoloniales, explicada en la división internacional del trabajo. Como mujeres socialistas asumimos una lucha irrenunciable contra cualquier dominación imperialista. Por ello, buscamos acercarnos y organizarnos con las mujeres de los sectores más  oprimidos y marginados de los países dominados, pero ello no nos lleva a separar la lucha de las mujeres de países imperialistas y semicoloniales, sino a hacer un llamado a las mujeres trabajadoras y de los sectores pobres de los países imperialistas y semicoloniales para hermanar esfuerzos como mujeres revolucionarias para luchar contra el capitalismo y cualquier dominación imperialista. ¡Mujeres revolucionarias unámonos para combatir nuestra explotación y la de todos los trabajadores, así como para eliminar toda forma de opresión alrededor del mundo.

3. Ninguna unidad con las mujeres de la clase dominante. Como mujeres del proletariado no podemos asumir una unidad entre clases con la burguesía. Asumimos nuestra independencia de clase de forma organizada separada de las mujeres y los hombres de la Burguesía, quienes nos oprimen y explotan a la clase trabajadora. Federico Engels formuló en 1888: «(…) hoy día, una etapa se ha alcanzado donde la clase oprimida y explotada—el proletariado– no puede obtener su emancipación de la influencia de la clase explotadora y dominante–la burguesía–sin que al mismo tiempo y de una vez por todas, la sociedad emancipe de toda forma de explotación, opresión, distinción de clases, y lucha de clases.» De igual forma, Cecilia Toledo en su documento El género nos une, la clase nos divide y Domitila Barrios en la Conferencia de Mujeres en la ONU nos recuerdan que ningún vínculo nos une con las mujeres burguesas, debido a las diversas desigualdades e intereses de clase que nos separan. Más aún, denunciamos a las burguesas cuando intentan apropiarse de nuestras banderas para dividirnos de nuestros hermanos de clase y para alejarnos de la lucha contra su sistema capitalista a través de perspectivas como la teoría de género que institucionalizaron académicas burguesas y pequeñoburguesas en las Universidades, aquellas incubadoras de ideología de las grandes potencias. 

4. En medio de la crisis capitalista, superemos las limitaciones reformistas, localistas y separatistas desde una perspectiva de clase. Como consecuencia de la polarización de la lucha de clases resultado de la crisis estructural del capitalismo, hemos presenciado, por un lado, la aplicación de políticas reaccionarias que atacan nuestros derechos económicos y democráticos; el mejor ejemplo es la política de confinamiento masivo empleada para atender la pandemia por covid-19. Bajo esta crisis las mujeres hemos retrocedido gravemente en cuanto a nuestros derechos. A su vez, estos ataques de los gobiernos capitalistas, incluido el de la 4T, han provocado el consecuente ascenso de las protestas sociales en que las mujeres estamos ejerciendo un rol de vanguardia a nivel nacional e internacional, donde mujeres muy jóvenes se integraron masivamente a las protestas en las calles contra la violencia, lo cual, ¡celebramos ampliamente! No obstante, también ejercemos nuestro derecho a la crítica de las posiciones, tácticas y métodos de las corrientes prevalecientes en el movimiento de mujeres, con el ánimo de superar las actuales limitaciones y aprender las lecciones que nos permitan organizar mejor el triunfo de nuestras luchas. 

El reformismo, el separatismo, el autonomismo, el anarquismo y teorías como el inter-seccionalismo (que fragmentan la identidad de los sectores oprimidos a nivel ideológico) han ganado una gran influencia, de una parte, por el oportunismo de ciertos referentes sindicales, socialistas y estalinistas que han guardado silencio ante denuncias por acoso sexual al interior de sus organizaciones; lo cual, como ALS, también denunciamos; por otra parte, debido a que prevalece el espontaneísmo, la confusión ideológica y organizativa, así como una falta de perspectiva para el conjunto del movimiento. La pinta y quema de edificios así como los actos ultra-vanguardistas de pequeños grupos, esperando a ser grabados por los medios masivos de comunicación, han pretendido ser impuestos como supuestas formas “radicales”de lucha, reflejando la falta de un programa, una estrategia y organización de largo aliento para el movimiento de mujeres, ante la inexistencia de un referente serio que luche estratégicamente por todos nuestros derechos. Si bien estas acciones han logrado visibilizar la violencia acrecentada contra las mujeres, sin embargo, en cuanto a nuestra situación, pocos o nimios han sido los cambios; en contraste, nuestras demandas han pretendido ser usadas como botín político por los partidos del régimen y nuestras protestas como un justificante para el aumento de la criminalización por parte del Estado. Construyamos un movimiento estructurado y con visión estratégica, superemos las acciones espontaneístas, localistas y aquellas visiones reformistas que no cuestionan las causas profundas de la explotación y opresión. Asimismo, así como es necesario construir la más amplia unidad, organizativa y en la acción, de las mujeres en la lucha por nuestros derechos, también resulta imprescindible combatir política e ideológicamente las perspectivas que resultan reaccionarias por su carácter segregacionista como el separatismo que divide, incluso violentamente, al movimiento y la lucha de nuestra clase. Es necesario que, como parte de la clase trabajadora, construyamos nuestro propio poder a partir de nuestros métodos históricos de lucha como las huelgas y paros efectivos, organizados colectivamente, con bloqueos en las calles, en conjunto mujeres y hombres revolucionarios. Finalmente, es imprescindible que las mujeres nos forjemos como dirigentes obreras y del conjunto de los sectores explotados y oprimidos, capaces de luchar consecuentemente hasta el final por nuestra emancipación y de toda la humanidad. 

5. ¡Mujeres: fundemos un programa de clase, revolucionario, antiimperialista, socialista e internacionalista!  Compañeras y compañeros, ¡arranquemos de raíz la opresión histórica de la mitad del mundo! No nos conformemos solo con migajas de cambios simbólicos en las formas y el lenguaje. Nos asumimos como revolucionarias que estamos dispuestas a destruir la estructura clasista que nos ha subyugado por generaciones; así como estamos convencidas que necesitamos acabar con las prácticas violentas a las que nos han sometido en todas las esferas de nuestra vida. La historia nos ha demostrado que, por más reformas que ganemos dentro del sistema burgués, no seremos completamente libres. Algunos casos concretos son las alertas de género, las leyes contra la discriminación y la violencia, los mecanismos de paridad de género, las fiscalías especializadas en atención a la violencia hacia la mujer, etc… ¿son efectivas para erradicar la violencia, han mejorado nuestras condiciones de vida? La experiencia nos ha demostrado que no, pues la impunidad y corrupción inherentes a las instituciones del Estado burgués impiden su aplicación, y aunque se implementaran, sus efectos son solamente parciales y limitados, pues no cuestionan las condiciones materiales de nuestra opresión: la explotación económica, la desigualdad social y la violencia estructural del sistema contra nosotras. 

Necesitamos acabar con el capitalismo para tener mucho mejores condiciones para liberarnos. No solo resistimos, sino que tenemos un horizonte muy claro hacia donde caminar que es el socialismo y el comunismo. Una sociedad sin clases donde logremos como mujeres nuestra plena emancipación. La lucha no será en un solo país, necesitamos hermanarnos con las mujeres explotadas y oprimidas de todo el mundo, tirar las fronteras burguesas, unirnos bajo un programa revolucionario e internacionalista. Como Agrupación de Lucha Socialista (ALS) rescatamos la vida ejemplar de mujeres revolucionarias como lo fueron Nadezdha Krupskaya, Rosa Luxemburgo, Inessa Armand y todas las obreras bolcheviques que con su determinación lograron poner en pie la Revolución Rusa a través de periódicos y organismos de articulación de las trabajadoras; de igual manera, las bolivianas como Domitila Barrios de Chungara y el conjunto del Comité de Amas de Casa  Siglo XX quienes con gran dignidad y claridad, se enfrentaron al Estado capitalista, a la vez que propagandizaron la cuestión de la mujer entre las mineras. Esos son solo algunos casos significativos en la tradición histórica que reivindicamos de la lucha de clase, combativa y revolucionaria de las mujeres.

6.- Como Agrupación de Lucha Socialista nuestra lucha es de la mano con la clase trabajadora y con todas las mujeres pobres del campo y la ciudad. Es amplio el levantamiento de las mujeres en diversos sectores a nivel nacional e internacional como las jornaleras de San Quintín, las obreras de las maquilas, las mujeres de la APPO, las maestras de la CNTE y las zapatistas de Chiapas, por citar solo algunos referentes en México; las indígenas de Standing Rock en Dakota, EEUU; las palestinas, las milicianas kurdas, las jóvenes chilenas, las Brigadas Rojas de autodefensa femenina en la India. La indignación de todas estas mujeres trabajadoras, indígenas, campesinas, jóvenes y de todas las edades de los barrios populares han conformado una fuerza fundamental, con tal firmeza, dentro de los movimientos y una razón revolucionaria, como diría Dunayevskaya. Es a todas ellas, nuestras hermanas de clase, a las cuales, nos dirigimos como Agrupación para trabajar codo a codo en barrer todo rastro de la sociedad capitalista y sembrar una nueva sociedad sin clases, sin explotación y sin opresión de ningún tipo. La emancipación de la mujer revolucionaria es con nuestro hermano de lucha, quien al igual que nosotras, somos dominados por la barbarie y la explotación. Impulsemos una lucha junto a nuestro hermano de clase, donde nosotras tomemos la dirección de nuestro proceso emancipatorio y de toda la humanidad.

7. Nuestra plena liberación como mujeres es económica, política, social e ideológica. 

El capitalismo como sistema, aprovechó y creó nuevas formas de dominación política y social para mantener el control sobre los sectores más pobres, incluidas las mujeres, a quienes nos oprime en todas las esferas de nuestra vida; por lo que, nuestra lucha es orgánica, necesitamos romper las cadenas que nos atan en lo económico, político, social e ideológico. Sin embargo, de manera particular, reconocemos y ponemos el acento en que las condiciones materiales son una base indispensable para la liberación en las otras esferas. Recordemos que la exclusión de las mujeres de las principales fuerzas productivas y del despojo del fruto de su trabajo (así como, para la mayor parte de la humanidad), son la piedra angular que mantiene la división de clases y la opresión hacia las mujeres, así como, sobre todos los de abajo. Una mujer joven y pobre por más que esté convencida de la necesidad de usar métodos anticonceptivos, difícilmente puede ejercer su derecho sino cuenta con el dinero para adquirirlos o si en las clínicas públicas les niegan el acceso. La lucha económica y política necesita ir acompañada de una campaña permanente de educación revolucionaria sobre la emancipación femenina, dirigida hacia las mujeres trabajadoras, indígenas y las más pobres, particularmente; pero también hacia los hombres. El machismo y sexismo heredados históricamente con la derrota de las mujeres, son un conjunto de prácticas, costumbres y creencias transmitidas generacionalmente y que reproducimos en el seno mismo de las relaciones sociales. Entonces, son esas prácticas y creencias machistas que necesitamos combatir en cualquier espacio, incluyendo al interior de las propias organizaciones de izquierda, movimientos y sindicatos. Es tarea de los revolucionarios, mujeres y hombres, pelear juntos contra cualquier práctica e ideología que nos oprima por razones de sexo, nacionalidad, etnia, religión o preferencia sexual, así como, transformar esas relaciones en unas de igualdad, equidad y justicia entre ambos sexos y hacia el conjunto de nuestra clase.

8. A organizarnos como mujeres de la clase trabajadora en contra de las patronales y de los sindicatos charros; ¡por democracia e independencia sindical! El macho patrón avaro, nos somete a jornadas de más de 10 horas, sentadas o de pie todo ese tiempo, en pésimas condiciones de higiene, a veces, sin siquiera poder ir al baño, por un mísero salario y sin estabilidad laboral. Si vamos con el delegado charro a quejarnos, defiende al patrón o nos pide favores sexuales para “arreglar el asunto”. Los capitalistas pretenden que las trabajadoras y trabajadores paguemos su crisis, a medida que la depresión económica avanza se suman en millones las despedidas y crece nuestra pobreza. ¡Las trabajadoras decimos Basta! Si las mujeres asalariadas somos gran parte de las que generamos la riqueza de este sistema, al igual que nuestros compañeros de clase, nos corresponde el fruto de nuestro trabajo. Si la opresión hacia las mujeres pasó históricamente por su marginación de las relaciones de producción, como ALS estamos convencidos de que las mujeres necesitamos integrarnos masivamente al trabajo que nos permita formar parte de la producción económica y, a su vez, contar con una mínima base material para nuestra independencia. Una vez dentro, pelear junto con los trabajadores y obreros por arrancarle al patrón los derechos que nos corresponden. 

Luchemos por recuperar o crear sindicatos ¡al servicio de los intereses de los trabajadores! Por ello, pugnamos por la democratización de los sindicatos. El charrismo concentra nefastas prácticas de discriminación, sexismo, así como, acoso laboral y sexual. ¡Expulsemos a cada charro de nuestros sindicatos! La recuperación de la vida democrática en los sindicatos nos permitirá formar comisiones y secretarías que atiendan las demandas de las mujeres trabajadoras, que las formen como dignas y consecuentes dirigentes sindicales que pugnen por conquistar los derechos del conjunto de la clase trabajadora. Como Agrupación de Lucha Socialista, llamamos a las trabajadoras a organizarnos para luchar: ¡ni un despido más bajo el pretexto de pandemia por la covid o por la crisis económica! ¡mucho menos si estamos embarazadas!, ¡Eliminación y desmantelamiento del outsourcing!, ¡Alto a la discriminación, la violencia y el acoso sexual y laboral! !Hermanas de clase luchemos juntas por estabilidad laboral, ¡basificación automática a todas las mujeres y hombres que hemos cumplido los 6 meses un día de trabajo!, por un incremento salarial de emergencia de $600 mínimo, luchemos por ¡a igual trabajo, igual salario! Exijamos guarderías públicas seguras, no subrogadas, por licencias de gravidez con el 100% de salario para madres y padres junto con permisos de lactancia. Exigimos reducción de la jornada laboral a 6 horas con el salario íntegro que permita a las mujeres y hombres ocuparse en tareas militantes, artísticas, deportivas y distribuirse equitativamente, el cuidado de los hijos y las tareas del hogar familiar. 

En cuanto al trabajo doméstico asalariado al servicio de las familias acomodadas, la falta de empleos mejor remunerados para la clase trabajadora es la que nos sitúa en este sistema capitalista a ser nosotras las mujeres del proletariado a vender nuestra fuerza de trabajo a la burguesía, como cuidadoras de sus hijos y encargadas de su limpieza; ¡qué rabia trabajar para quienes oprimen a la clase trabajadora, sin recibir un trato digno!; además, sin seguro médico, ni prestaciones laborales, ni seguridad social. En el corto plazo, llamamos a la creación de un sindicato del trabajo doméstico para que quienes laboran en ese rubro puedan pugnar por los derechos de cualquier otra actividad asalariada como basificación, seguridad social, etc. Asimismo, se combina con demandas de acceso a educación, capacitación laboral y oportunidades de trabajo para que las mujeres puedan emplearse como trabajadoras calificadas. 

Lo mismo en el caso del trabajo sexual, pues si por un lado exigimos el desmantelamiento de las redes de trata y prostitución, así como el castigo a todos los miembros del crimen  organizado y funcionarios involucrados en este negocio, por otro lado, nos oponemos a la criminalización del trabajo sexual, que en la mayoría de los casos no es una decisión libre sino forzada, sea por la violencia directa y el rapto o porque las mujeres se ven orilladas a incorporarse a la prostitución ante las precarias condiciones y falta de perspectivas de vida.

Aunque en lo inmediato es necesario regular ambos tipos de empleo, como una forma de aliviar las condiciones de quienes se dedican a estos trabajos, nuestra perspectiva programática es el derrocamiento del Capitalismo y la construcción del Socialismo, que nos permitirá abolir el trabajo doméstico a través de su socialización así como abolir el trabajo sexual, a través de la universalización del derecho al trabajo, que gradualmente, conforme avance el desarrollo productivo de la socidad, llevará a la abolición de todo tipo de trabajo asalariado.

9.- Por los derechos de las mujeres campesinas e indígenas. Las mujeres indígenas son triplemente vulneradas por la clase dominante, por ser pobres, mujeres y por su condición étnica. Los gobiernos llenan las comunidades de políticas asistencialistas de diversa índole, implantando un sistema de violencia estructural y represión paramilitar, reforzando las estructuras machistas, fomentando la división por los partidos del Estado, generando dependencias y el saqueo de sus tierras, propiciando el etnocidio. Asimismo, dentro de las mismas comunidades persisten prácticas machistas que obligan a las mujeres a los casamientos forzados, a padecer el derecho de pernada, la violencia física y sexual en sus familias, la venta de las hijas, o bien, no se les permite ser titulares de tierras o participar en cargos en las organizaciones comunales. Procesos como las bases zapatistas regidas por la Ley Revolucionaria de Mujeres, las mujeres que participan en las policías comunitarias de Guerrero o como las mazahuas que se pusieron al frente de la defensa del agua, son referentes de que solo con la organización e intervención activa de las mujeres en los procesos de resistencia de sus comunidades, ellas no solo aportan al triunfo de sus luchas sino que son capaces de luchar simultáneamente por sus reivindicaciones hasta lograr su propia emancipación. Tenemos que llevar y reproducir estas experiencias a los demás pueblos indígenas y de las zonas rurales para transformar las costumbres machistas por relaciones de equidad entre mujeres y hombres de los pueblos, que fomenten la emancipación de las mujeres indígenas y campesinas. Llamamos a una lucha de la mujer indigena revolucionaria por el derecho a la tenencia de la tierra, a una participación equitativa en todas las actividades comunitarias, económicas, políticas, de educación y salud digna en sus territorios; incluyendo las milicias indígenas y campesinas. Las mismas exigencias de educación, salud y trabajo para todos los de abajo, permitirían a las mujeres del campo más oportunidades de mejorar su situación, conocer sus derechos y organizarse con otros sectores de abajo para luchar por sus derechos. Llamamos a la articulación del campesinado con la clase obrera para luchar contra la explotación y violencia en el campo y la ciudad; pues para triunfar contra el paramilitarismo, el crimen organizado, los megaproyectos de despojo y las empresas transnacionales del agronegocio, es necesario expulsar y expropiar no solo al terrateniente, el cacique y el intermediario sino también a los partidos políticos, a los funcionarios corruptos, a los banqueros usureros y a los grandes empresarios.

10.- Feminicidios crímenes del Estado capitalista. ¡Ante la impunidad la organización revolucionaria de las mujeres y sus compañeros de clase! Los feminicidios tienen causas estructurales en las sociedades divididas en clases. La naturaleza del Estado capitalista es la violencia para imponer el dominio de una minoría rica sobre una mayoría desposeída. La violencia de los capitalistas hacia los más pobres, seamos mujeres u hombres, se encuentra en la explotación brutal de todas nuestras fuerzas y el consumo de nuestro tiempo de vida para producir sus ganancias. El Estado refuerza esta violencia con la impunidad hacia nuestros agresores, en la persecución y represión cuando exigimos nuestro derecho al aborto o cuando defendemos los recursos naturales de nuestras comunidades. Ante la impunidad y corrupción que son inherentes al Estado, el crimen organizado aprovecha la oportunidad para hacer negocios con los cuerpos femeninos que primero, desaparece y luego, cuando ya no le sirven, simplemente los asesina y tira en cualquier lote baldío. El machismo como ideología, práctica y forma de relación social, encuentra un campo fértil en este sistema para reproducirse y arrebatar la vida de las mujeres. Por ello, el combate al feminicidio tiene que ser completo, tiene que atacar tanto a la estructura capitalista como a las prácticas sociales machistas que lo sostienen materialmente y la ideología opresora que lo justifica. 

Reivindicamos las demandas inmediatas de los familiares de víctimas de feminicidio como la exigencia a los distintos niveles de gobierno de castigo a los responsables de secuestro, asesinato y desaparición de mujeres tanto mexicanas como migrantes, así como, reparación del daño a familias, hijos y madres de víctimas de feminicidio,  ¡Ni una asesinada más! Exigimos el cese definitivo y encarcelamiento de todos los funcionarios que han incurrido en impunidad, corrupción y criminalización hacia las mujeres; así como, el desmantelamiento de las redes de trata. Sin embargo, como ya hemos visto, la denuncia y la defensa aislada no bastan dentro del Estado capitalista ni mucho menos, garantiza la seguridad y justicia al pueblo, si el uso de la violencia es la naturaleza del Estado, ¿cómo esperar de quién es juez y parte, haga justicia? Solo con la organización de las mujeres y de la clase trabajadora en su conjunto podemos protegernos a nosotras mismas. Por ello, reivindicamos el derecho a defendernos de nuestros agresores, pero de manera colectiva y organizada. Llamamos a la conformación de Asambleas Populares en cada barrio, centro de trabajo y escuela de donde emanen Brigadas Mixtas de Autodefensa dirigidas por mujeres y apoyadas por sus compañeros, recuperando la experiencia de los sistemas de justicia de las policías comunitarias. No obstante, es necesario advertir que la completa erradicación de la violencia hacia las mujeres, no será posible dentro del capitalismo, porque es su forma básica de dominación. Solo en el Socialismo tendremos mucho mejores condiciones para la plena liberación de las mujeres de abajo.

11.- Por acceso a salud y educación. Las mujeres padecemos un problema crónico de acceso a la seguridad social debido a la falta de una incorporación regular a trabajos formales y estables. Mientras a las mujeres, el capitalismo nos siga delegando, mayoritariamente, en los trabajos más precarizados como el de servicios, outsourcing o en el sector informal, y se continúe concibiendo el trabajo de las mujeres como “complementario” al salario masculino para el ingreso del hogar, las mujeres tendremos acceso limitado o nulo a servicios de salud, vivienda, estancias de cuidado para niños y adultos mayores, jubilación y otras prestaciones. Esto implica un ahorro para los patrones y el Estado, que es descargado sobre las familias, particularmente sobre las mujeres, ya que somos nosotras quienes terminamos por ocuparnos de estas tareas y tenemos que sustituir, sin retribución alguna, gran parte de estos servicios. Por lo tanto, sumado a la exigencia de acceso a un trabajo estable y con todas las prestaciones sociales, también va de la mano con la exigencia de pleno acceso a una educación en todos los niveles que nos forme como seres humanos integrales y capacite técnica y profesionalmente, sin prejuicios o estereotipos de género. Una educación pública, gratuita, laica, científica y presencial, que tiene que ser para todas y todos. 

En cuanto a la salud, además de exigir el acceso a un sistema de salud público en general también nos pronunciamos por acceso a métodos anticonceptivos gratuitos y un trato de respeto, no discriminatorio, en las clínicas públicas para las y los jóvenes, así como, a la población en general. Pugnamos por una educación sexual científica y laica. Luchamos por la   despenalización y legalización del aborto, reivindicamos nuestro derecho como mujeres a decidir ser madre o no y en qué momento y que el gobierno proporcione las condiciones de infraestructura, jurídicas y médicas adecuadas para evitar que miles de mujeres pierdan la vida por abortos mal practicados o por mortalidad materna. 

12.-¡Por la socialización del trabajo doméstico y la distribución equitativa de las tareas en el hogar! 

Las mujeres desde el inicio de su opresión en la época de la barbarie, como nos contextualiza Engels en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, fuimos asumidas como las cuidadoras de los bienes, la tierra, los hijos, los ancianos y demás actividades domésticas que continúan hasta nuestra época, sin reconocimiento ni descanso, que solo gasta la energía de las mujeres de nuestra clase sin dejar tiempo a su crecimiento personal y colectivo en la participación en sus comunidades. No estamos de acuerdo, con aquellas feministas que plantean una retribución económica a las mujeres por el trabajo doméstico, porque en los hechos, significaría perpetuar la esclavitud femenina a estas tareas enajenantes y confinarla al hogar.  Por el contrario, llamamos a luchar por la socialización del trabajo doméstico, donde el Estado absorba gran parte de esa carga a partir de proporcionar servicios públicos y gratuitos de comedores, lavanderías y guarderías; que no sean atendidos solo por mujeres y que paulatinamente puedan ser apropiadas de manera colectiva entre las familias de las comunidades, a través de la colaboración y organización comunitaria. Asimismo, consideramos imprescindible una distribución equitativa del trabajo doméstico entre los integrantes de cada familia donde todos colaboren, incluyendo a niños y abuelos, a medida de sus capacidades físicas.  Pero todo ello debe ir acompañado de nuestra lucha por generar las condiciones materiales para que las mujeres podamos desenvolvernos fuera del hogar, en todos los ámbitos laborales, educativos, culturales, científicos y políticos de la vida pública.

13. ¡Por la unidad de las luchas de las mujeres en un gran Movimiento Revolucionario por su Emancipación! Llamamos a las trabajadoras, a las sindicalistas independientes, a las madres y familiares de las mujeres víctimas de feminicidio y desaparición, a las mujeres indígenas que resisten contra los megaproyectos, a las desempleadas, a las mujeres jóvenes y de todas las edades de los sectores más pobres del campo y la ciudad a unirnos bajo un programa revolucionario que recoja nuestras demandas más sentidas como mujeres, bajo una firme perspectiva de clase, donde unamos fuerzas para impulsar un plan nacional de lucha para conquistar, en el mediano plazo, el acceso a un trabajo digno, la estabilidad laboral y seguridad social; seguridad en sus comunidades, a través de la autoorganización para prevenir y combatir de la violencia; ejercer nuestros derechos democráticos e impulsar la incorporación de las mujeres a la lucha revolucionaria. Con una estrategia y un programa que prepare el terreno ¡para el derrocamiento de todo el sistema capitalista! Para ello, proponemos la realización de un Congreso Nacional de las Mujeres en Lucha que resuelva un programa y plan de lucha, no como un encuentro más destinado únicamente al intercambio de vivencias, sino como un instrumento resolutivo y democrático, que ponga en pie y de manera unificada, la movilización y organización permanentes de las mujeres por sus derechos en cada barrio, centro de trabajo, comunidad y escuela, que se expanda coordinadamente por todo el país.

14. Mujeres revolucionarias: construyamos el Partido Revolucionario e Internacionalista de las Trabajadoras y los Trabajadores que necesitamos para tumbar al decadente monstruo capitalista. La barbarie a la que nos están llevando los capitalistas en esta crisis sistémica requiere de una organización de militantes comprometidas y comprometidos donde nos preparemos teórica y prácticamente en el terreno de batalla de la lucha de clases para ofrecer una alternativa consecuente a nuestros pueblos en nuestra liberación del yugo capitalista. Invitamos a las mujeres más aguerridas a construir este instrumento que nos sirva para encender el fuego de la revolución como medio necesario para construir una sociedad justa para hombres y mujeres, para salvar a nuestras hermanas y nuestros hermanos de clase de la barbarie capitalista, para hacer posible el socialismo y el comunismo, una sociedad sin clases donde afiancemos nuestra plena emancipación como mujeres.