Los estragos de la depresión económica mundial y del confinamiento por la pandemia de covid-19 siguen avanzando. La mayoría de las grandes economías han presentado caídas significativas; por ejemplo, en EUA, llegó a 38% su punto más bajo. El cierre forzado de negocios y varios centros de producción durante el confinamiento agudizó estas caídas económicas situación que ya se venía perfilando desde antes de la pandemia como inicio de una depresión que se pronostica será más profunda y prolongada que la de 1929. 

Sin embargo, aunque la mayor parte de las ramas económicas se han visto perjudicadas, hay conglomerados bancarios y empresas trasnacionales que han extraído millonarias ganancias. En la recesión de 2008 empresas como Microsoft, Apple, Google, etc habían sido afectadas, pero con el confinamiento lograron posicionarse financieramente, subiendo sus acciones en plena contingencia; por supuesto, que a estas les conviene que se prolongue tal estrategia. Basta ver cómo se están insertando de lleno en la educación, avanzando en los hechos, hacia su privatización en todos los ámbitos. 

La pérdida de ganancias de unos y el enriquecimiento de otros plantea un terreno con fisuras dentro de la burguesía. El mayor ejemplo, es la facción de ultraderecha que representa Donald Trump, a la cabeza de EUA, quienes se han visto desfavorecidos en esta situación: crisis económica, emergencia sanitaria (1er lugar de fallecimientos) y crisis política a raíz de las movilizaciones contra la brutalidad policiaca y el racismo; lo que logró aglutinar a distintos sectores (afroamericanos, jóvenes, inmigrantes, mujeres, etc.) que salieron a las calles desafiando la estrategia de lockdown de la burguesía y cuestionando la incompetencia de Trump, la privatización de la salud, etc. 

Dichas movilizaciones anuncian atisbos de continuidad de aquellos estallamientos a nivel internacional que quedaron pausados desde el 2019 debido a que la clase obrera y los sectores populares e indígenas son los más golpeados por la crisis estructural: despidos masivos, precarización, violencia, endeudamiento y despojo de sus recursos naturales, etc. 

Por lo pronto, en México, pese a que hemos estado dentro de los 4 primeros lugares de contagios por la pandemia y el 1o en muertes de trabajadores de la salud en su batalla contra el covid-19, el gobierno de la 4T decretó un regreso hacia la activación económica, debido a la presión de los grandes capitales, nacionales e internacionales.

A pesar de que AMLO subestime los descalabros de la economía nuestro país ya muestra varias grietas: una caída estrepitosa que llegó al 19% (mayor al error de diciembre ´94),  el nivel de desempleo es de los más altos a nivel internacional (tanto por pérdidas de empleo como por falta de creación de nuevos empleos) con un 1 millón de empleos formales perdidos (y se calcula que los informales son mucho más) y 320 mil micro PYMES quebradas.

¿De dónde podrá recuperarse la economía mexicana? Los pilares que tiene también están en una grave situación, PEMEX y CFE tienen deudas millonarias, la exportación de crudo decayó gravemente, el turismo se fue por los suelos; la inversión extranjera directa comienza a migrar a otros destinos y solo las remesas de mexicanos en el extranjero se han mantenido, convirtiéndose, junto con las reservas financieras gubernamentales, como los botes salvavidas de la economía mexicana. Sin embargo, esta estrategia de acabar con los ahorros del Estado no puede sostenerse al mediano y largo plazo, por lo que aún no vemos los efectos más devastadores, a pesar de que el gobierno ha tratado de valerse de varios mecanismos para no caer en hiperinflación o devaluaciones. 

Para eso hubo un gran rescate financiero a las grandes empresas (impuso candados restringidos que no alcanzan a cubrir las pequeñas empresas) ejemplo, la concesión a Grupo Salinas para las escuelas. La recaudación fiscal es otra de sus estrategias, buscando el aumento al ISR a los trabajadores del Edo, la reforma de pensiones y jubilaciones que se acaba de aprobar y que, seguramente vendrá acompañada de una reforma fiscal, aunque de forma indirecta o velada. Uso de todos los fideicomisos en arte, ciencia, tecnología, etc. para mantener sus programas sociales y megaproyectos con los cuales Obrador busca reactivar su economía, presionando por abrir la economía cambiando a modo el semáforo epidemiológico.

La ventaja que tiene Obrador es la desmovilización del pueblo por las dirigencias y los referentes de izquierda que están claudicando. Mientras que la ultraderecha, como los agrupados en FRENAAA, está aprovechando el desgaste del gobierno de la 4T y la ausencia masiva de la protesta social para comenzar a movilizarse. Por ello, Obrador, queda cada vez más endeble, presionado entre los pactos con las otras facciones burguesas del régimen y las demandas de sus electores. En esa situación, se ve impedido de controlar la pandemia y de salvar la economía, lo cual irá generando mayor polarización al interior del régimen conforme se acerquen las elecciones intermedias. 

Por su parte, mientras los sindicatos y otros sectores populares no se movilicen masivamente seguiremos sumando retrocesos en nuestros derechos laborales, sociales y democráticos. Urge forjar una independencia política de la línea del gobierno burgués de la 4T disfrazado de cordero para prepararnos con nuestros hermanos de clase ante la crisis capitalista y construir una verdadera opción desde abajo, un gobierno de los trabajadores, campesinos, indígenas y sectores populares.