Manifiesto de la Agrupación de Lucha Socialista (ALS) y la Corriente Comunista Revolucionaria Internacionalista (CCRI). 22/mayo/20.

Desde la dispersión del covid-19 en el continente americano, la estrategia de confinamiento masivo en países con profundas desigualdades sociales y gobiernos omisos han provocado los primeros brotes de hambre. En Bolivia, Chile, Guatemala, Colombia y hasta en EEUU, tanto trabajadores como campesinos y habitantes de las colonias marginadas se han visto obligados por el hambre a romper el confinamiento para exigir a las autoridades alimentos y el fin del encierro para poder trabajar.

Desde abril, los colombianos de los barrios más pobres de Bogotá, entre ellos, campesinos desplazados por el conflicto armado, protestaron en las calles y en las casas con las ya famosas banderas rojas en señal de auxilio por falta de alimentos; un sistema de petición de ayuda que, igualmente, se ha extendido por varios países de Centroamérica, donde las desigualdades, pobreza y emergencia sanitaria se combinan generando una situación desesperada para millones de familias.

En varios municipios de Bolivia ubicados en Potosí, Oruro, La Paz, Santa Cruz y Cochabamba la gente bloqueó carreteras exigiendo que se levantara la cuarentena para trabajar, además de cuestionar al gobierno provisional y exigir las elecciones pendientes después del golpe de la derecha. En Chile, las protestas se distinguen con el ícono del PiñeraVirus, señalando que “es más mortal que el coronavirus”; desde el sur de Santiago hasta Antofagasta, Valparaíso y Concepción los vecinos salieron a las calles con el ímpetu de las movilizaciones del año pasado quienes, además de exigir apoyo gubernamental para solucionar la falta de alimentos y de trabajo, reivindicaron la caída de un gobierno autoritario que solo protege a los más ricos.

Por el contrario, una situación muy diferente ocurre en EEUU, donde los trabajadores de la industria alimenticia están protestando porque los patrones los obligan a asistir a sus centros de trabajo, aun cuando ya han presentado casos de contagios. Así como también sucede en el norte de México, región en que miles de trabajadores de los parques industriales del sector de la maquila paran labores, cierran sus centros de trabajo y han protestado en las calles porque el gobierno mexicano cede ante las presiones de los inversionistas norteamericanos por continuar o reabrir las fábricas, poniendo en primer lugar su sed de ganancias a costa de exponer la salud de los trabajadores y sus familias.

La política de confinamiento masivo tiene estos particulares efectos negativos en regiones donde el neoliberalismo ha desmantelado los sistemas de salud públicos y eliminado miles de trabajos formales, de hecho, por si fuera poco, esta pandemia está siendo utilizada por los patrones para despedir a miles de trabajadores, tan solo en EEUU, han provocado, casi 40 millones de desempleos (mayo, 2020).

La segunda gran calamidad para los trabajadores es para una gran parte de la población que no cuenta con un salario fijo para soportar confinamientos de más de cuatro semanas. Según la OIT, en América Latina y el Caribe, mínimo 127 millones de personas trabajan en la informalidad (2013) y es la que está siendo mayor afectada con el encierro y el cierre forzoso decretado por los gobiernos, a veces, hasta con el abuso de la fuerza policiaca. Miles de familias que viven al día y para quienes los subsidios gubernamentales han sido insuficientes o de plano inexistentes.

Las últimas protestas, en este momento incipientes, tienen la característica de demandar necesidades muy urgentes junto a las reivindicaciones de las movilizaciones del año pasado, sobre todo, en países donde escalaron hasta niveles insurreccionales; si bien, por este periodo de dispersión de la pandemia ha ganado más el miedo y la incertidumbre entre la masa de trabajadores y sectores populares, mientras avancen las consecuencias económicas y sociales de la propia recesión, se potencializarán las manifestaciones pues la ola de protestas latinoamericanas solo fue interrumpida por la contingencia, pero no la derrotó.

Desde la Agrupación de Lucha Socialista (ALS) y la Corriente Comunista Revolucionaria Internacionalista (CCRI) manifestamos nuestro apoyo a los trabajadores y sectores populares en sus legítimas luchas de alimento, trabajo y seguridad sanitaria.

Para enfrentar la crisis de hambre y desabasto en estas zonas que empiezan a padecerlas proponemos la organización de Comités de Autoabastecimiento Populares que administren la obtención y distribución de alimentos, medicamentos y diversos enseres de primera necesidad. Pero es solo un paso, porque para avanzar verdaderamente en salir de la crisis hay que tumbar a los gobiernos responsables y derrocar a las clases burguesas que se han enriquecido durante décadas a costa de poner en peligro la vida de millones de trabajadores en el mundo entero.

  • ¡Alto a la militarización, toques de queda y sistemas de vigilancia totalitarias! No a las medidas de excepción y confinamiento obligatorio masivo, ejerzamos nuestros derechos democráticos, libre y responsablemente, adoptando consciente y colectivamente medidas higiénicas adecuadas.
  • Condiciones de protección sanitaria garantizada por el Estado a trabajadores de sectores estratégicos. Empleo y sueldo completo garantizado a todas y todos los trabajadores de sectores no estratégicos, en suspensión de labores por la cuarentena.
  • Que toda empresa que cierre o despida empleados, sea expropiada sin indemnización y tomada por las y los trabajadores para ponerla en funcionamiento bajo su control. Ingreso para desempleados subvencionado por el Estado, suficiente para cubrir la canasta básica, junto con la condonación del pago de impuestos, deudas y alquileres (subsidiados por el Estado) a la población pobre y que labora en el sector informal durante pandemia.
  • ¡No al acaparamiento y especulación de precios! Por la formación de comités populares en las colonias, barrios y pueblos para el abasto, distribución y control de precios de productos de primera necesidad, así como, para organizar la autodefensa de nuestras comunidades.
  • Por la construcción de un Partido Mundial de la Revolución Socialista, formado por la vanguardia combativa de los trabajadores, bajo un programa revolucionario y una estrategia internacionalista.
  • Las organizaciones de izquierda revolucionarias debemos colocarnos codo a codo con las luchas de los diversos sectores del proletariado internacional y convocar a una Conferencia Mundial para articular esfuerzos por construir una solución clasista y revolucionaria a la crisis del capitalismo.