Rubén Alcaraz

La actual pandemia mundial del Covid 19 ha acelerado la crisis estructural del capitalismo, que ya se venía arrastrando desde el crack financiero de 2008, el cual profundizó el paquete de reformas neoliberales, incluyendo el desmantelamiento de la salud pública y la seguridad social así como la precarización de las condiciones laborales y de vida, lo que constituye la causa fundamental de vulnerabilidad de la mayoría de la población en México y otros países ante la pandemia.

Los Estados burgueses han encontrado en la pandemia la justificación perfecta para encubrir la inevitable depresión económica en ciernes y lo último que les preocupa es la salud de las poblaciones y sus derechos humanos; los empresarios buscan salvar sus ganancias y solo piensan en cómo administrar la crisis haciendo que la paguemos los trabajadores.

En vez de seguir ejemplos exitosos de atención a la pandemia (Corea del Sur, Alemania, Suiza, Japón) en donde se aplicaron test masivos y gratuitos, atención oportuna y aislamiento selectivo; la línea general a nivel mundial para “evitar” la propagación del virus es el confinamiento social vía la supresión de derechos democráticos y, en casos extremos, justificar la militarización, el Estado excepción y la violencia; medidas que no han mostrado efectividad para contener la pandemia y, en cambio, han agravado la situación de la población (caso de Ecuador, etc.).

Nos niegan el derecho a la salud

En México, el sistema de salud desmantelado por el Estado desde hace años y las antiguas reformas privatizadoras son el principal problema al que se enfrenta el país en esta pandemia, significando en los hechos la negación del derecho a la salud. Hoy en día la pandemia no se puede contener en los centros de salud, debido a ello: 

La mayoría de Hospitales designados para atender los casos de infección no tienen la capacidad ni infraestructura necesaria; algunos de ellos, incluso, fueron dañados estructuralmente por el sismo de 19 de septiembre de 2017, como el Hospital General de Zona (HGZ) 32 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y, aun así, las autoridades los designaron “para atender a los pacientes de Covid-19” (1).

Los protocolos mínimos para evitar el contagio entre el personal medico y los pacientes que ya se albergan en dichos hospitales, no se pueden implementar, debido a la falta de insumos. El mismo Plan IMSS exige el uso de Respirador N95, lentes con protección lateral, bata desechable de manga larga, gorros y otros implementos. Pero esos insumos son escasos en los Hospitales del país, y algunos ya no cuentan con ellos.

Los posibles infectados son enviados a casa si tienen síntomas leves, no se les da el adecuado seguimiento, ni a ellos ni a sus familias; a la mayoría no se les aplica la prueba.  El ingreso de los que ya presentan cuadro clínico no se realiza en espacios con adecuado aislamiento y su traslado dentro de los centros de salud se efectúa con una sábana, lo cual no protege del contagio ni al personal ni a los pacientes.

Por esta razón, los hospitales se han convertido, en algunos casos, en epicentros del contagio, como sucede en el Hospital General de Zona (HGZ) número 7 de Monclova, en Coahuila, “donde de los 64 contagiados en el estado, 31 son personal médico”.

HOSP
Unidad de Cuidados Intensivos con pacientes con covid-19.

Los trabajadores del sector salud VS la patronal y las direcciones charras

Ante esta situación, ni el gobierno ni las burocracias sindicales dirigidas por líderes charros y corruptos han estado a la altura. En cambio, las y los médicos, enfermeros, camilleros, radiólogos, trabajadores de intendencia y demás personal de salubridad, junto a los pacientes, son los únicos que están enfrentando en verdad la enfermedad, que ya ha infectado -según datos oficiales- a casi 15 mil personas (más de 500 miembros del personal médico), cobrando la vida de casi 1,300 pacientes y decenas de trabajadores de la salud.

Los trabajadores del sector salud han sido los primeros en salir a protestar, ante la falta de insumos, protocolos y garantías de protección sanitaria. Pero cómo no hacerlo al encontrarse entre la espada y la pared, si sus vidas y las de sus pacientes ya están en riesgo ante la negligencia e incapacidad de las autoridades gubernamentales y sanitarias de ofrecer equipamiento suficiente y condiciones adecuadas para atender la pandemia.

Según estimaciones de las autoridades, se esperan más de 250 mil infectados durante la fase 3. El director general del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades, Ruy López Ridaura “detalló que 140 mil pacientes con la cepa SARS-CoV-2 presentarán un cuadro de síntomas leve, es decir, el 80 por ciento de los afectados. En tanto que 24 mil pacientes, el 14 por ciento, necesitarán hospitalización y el 6 por ciento presentará un cuadro grave del padecimiento, cerca de 10 mil 582 personas” (3). 

La cuestión central es que, con su campaña de “Sana distancia” y “Quédate en casa”, lo que el gobierno está aceptando es la ineficacia de su política de supuesta “universalización de la salud” a través del Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), pues no tiene la capacidad para garantizar el derecho al acceso a atención médica para toda la población que lo requerirá. Los únicos que pueden dar una solución a esta pandemia somos los trabajadores.

¿Qué hacer al respecto?

Las y los trabajadores de la salud deben articularse para enarbolar un pliego de demandas unitario y, siendo la vanguardia para enfrentar la pandemia, deben encabezar la organización para construir desde abajo una salida inmediata a la crisis sanitaria pero, sobre todo, prepararnos para afrontar las inevitables consecuencias que la pandemia y la depresión económica mundial provocarán sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora y los sectores populares, vinculándose al resto de la clase trabajadora y la población para organizar la resistencia. 

En lo inmediato, se puede iniciar con acciones concretas de solidaridad entre el personal de sanidad y el pueblo trabajador, por ejemplo, con brigadas de salud para atender a personas aisladas en casa y campañas de donativos y financiamiento entre las familias, sindicatos y organizaciones populares para conseguir los insumos que hacen falta en los hospitales, lo cual tendría que ser organizado por comités independientes bajo control de los trabajadores de salud y derechohabientes. 

Asimismo, no debemos confiar en que la política de confinamiento será suficiente para contener la crisis y, mucho menos, si se hace a través de medidas de excepción; por ello, debemos pugnar por el libre ejercicio de nuestros derechos democráticos por vía de la unidad, solidaridad y autocuidado consciente y colectivo, adoptando las medidas higiénicas y sanitarias para protegernos del virus. En ese sentido, debemos exigir ¡test gratuitos de Covid-19 para toda la población y confinamiento selectivo únicamente a personas infectadas o vulnerables!

No hay otra salida que la organización independiente de las y los trabajadores para presionar a las dirigencias sindicales charras, apropiarse democráticamente de sus sindicatos, resistir los ataques (suspensiones, despidos, recortes salariales, etc.) de la patronal e impulsar la articulación de un movimiento nacional de lucha. En ese sentido, la tradicional movilización del 1ro de mayo, Día Internacional de las y los Trabajadores, es un espacio indispensable para articular una estrategia basada en un programa de emergencia para afrontar la crisis (Ver la contraportada).

  1. https://www.infobae.com/america/mexico/2020/04/01/tenemos-miedo-crudo-testimonio-de-la-batalla-desigual-que-se-libra-al-interior-de-un-hospital-del-imss-contra-el-coronavirus/
  2. https://www.infobae.com/america/mexico/2020/04/02/tres-doctores-y-un-enfermero-muertos-coronavirus-cobra-vidas-en-la-primera-linea-de-defensa-en-mexico/
  3. https://www.radioformula.com.mx/noticias/20200318/fase-3-de-coronavirus-en-mexico-dejaria-250-mil-infectados/