Declaración de la Agrupación de Lucha Socialista (ALS), sección en México de la Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI/RCIT), 23 de octubre de 2019.

 

Las manifestaciones estudiantiles contra la subida al precio del transporte, que comenzaron a mediados de octubre con evasiones para usar el metro sin pagar, se trocaron en violentos enfrentamientos que encendieron las protestas de otros sectores sociales debido a que, desde hace décadas, se han venido acumulando agravios por parte de los distintos gobiernos derivados de la transición, tanto los de la Concertación como de la Coalición por el cambio, los cuales han implementado, con una supuesta careta democrática, la misma receta de ajustes neoliberales y ataques al pueblo trabajador, que aquellas aplicadas por los militares pinochetistas durante la dictadura; llevando a que en Chile (uno de los países con economía más grande en Latinoamérica) las condiciones de vida de la mayoría de la población se hayan visto agravadas, como producto de la aplicación cabal del modelo neoliberal.

 

La elevación del costo de la vida, con el alza al precio de diversos servicios básicos; niveles de desigualdad en donde la mayoría de la población vive con menos de $400.000°°; las altas cuotas y el endeudamiento de las familias para poder sostener los estudios universitarios de sus hijos; la individualización de las pensiones, que ha llevado al arrebato de años de esfuerzo y del futuro de millones de trabajadores; la privatización del agua y el despojo violento de los recursos naturales y territorios de los pueblos originarios, para dejar entrar la minería a cielo abierto y otros megaproyectos capitalistas; los casos de corrupción donde han estado involucrados altos mandos del ejército y carabineros, así como altos funcionarios del actual gobierno. Esas son sólo unas cuantas de las agresiones que ha padecido el pueblo chileno y que prendieron la mecha de la insurrección popular.

 

Ante la magnitud de las protestas, que se combinaron con disturbios, robos e incendios a comercios, barricadas en las calles, enfrentamientos con la policía, destrozos en instalaciones del metro, etc., el gobierno decretó el estado de emergencia en Santiago y otras ciudades importantes del país, medida que no se aplicaba contra manifestaciones civiles desde el fin de la dictadura, y que ahora se aplica buscando restablecer el orden por vía de la bota militar.

 

Sin embargo, a pesar de la dura represión que ya se ha cobrado más de una decena de vidas y desaparecidos, cientos de personas heridas y más de mil encarceladas, no obstante, la población ha salido de manera masiva a las calles desafiando el toque de queda, con cacerolazos que se han escuchado en los barrios de diversas ciudades y regiones del interior hasta altas horas de la noche, junto con la colocación de barricadas en los cruces principales. Asimismo, las protestas han encontrado eco entre diversos sectores que se han venido sumando a la lucha (como los transportistas que han bloqueado carreteras de acceso, los trabajadores portuarios que se han ido al paro y las comunidades del pueblo mapuche que han retomado la lucha por defender sus territorios), todos bajo la consigna de echar abajo el estado de emergencia e, incluso, aumentaron el rango de peticiones, exigiendo baja a los precios y estatización de los servicios básicos, la libertad de los presos políticos, el regreso de los militares a sus cuarteles, la renuncia del presidente Sebastián Piñera y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, entre otras demandas.

 

A los pocos días de iniciadas las movilizaciones, el Presidente emitió un comunicado donde cancelaba el alza al transporte público, pero ello no aminoró las protestas sino, al contrario, se han extendido más allá de la capital donde inicialmente se originaron y, a ello se suma, la amenaza por parte de diversos sectores obrero-sindicales de irse al paro a partir del miércoles 23 de octubre. Debido a ello, el martes 22, Piñera dio a conocer una “Agenda Social” en la que hace una serie de concesiones en materia de pensiones, salud, ingresos, tarifas, impuestos, sueldos de la administración pública y programas sociales así como el anuncio de un Plan de reconstrucción de la infraestructura dañada por los disturbios. Lo anterior, es muestra de que el gobierno chileno se siente contra las cuerdas e intenta a toda costa apaciguar la movilización e impulsar una salida negociada de la actual crisis política que vive el país.

 

Ante ello, diversas fuerzas políticas, entre partidos de oposición (el PC, Frente Amplio, Nueva Mayoría, etc.) y sectores de la burocracia sindical (CUT, etc.) han buscado colocarse como interlocutores para dialogar con el gobierno, bajo la condición de que se alce el estado de emergencia, buscando con ello despresurizar la actual situación de inestabilidad política, darle un respiro al gobierno de Piñera y lograr pactar con él una salida institucional de la crisis, a cambio de ciertas prerrogativas políticas y a espaldas de los miles de chilenas y chilenos que, por fuera de, y rebasando, a los tradicionales liderazgos partidistas y sindicales, han puesto el cuerpo en los enfrentamientos con los “pacos” y las Fuerzas Armadas, al grito de ¡Abajo Piñera!

 

Sin embargo, a pesar de la masividad y combatividad de la lucha en la que se han destacado como vanguardia las y los jóvenes estudiantes, trabajadores y de sectores populares, que se han batido en las calles durante días contra el militarismo del Estado chileno, y si bien la espontaneidad de las protestas ha logrado transitar a la construcción de espacios asamblearios diseminados a lo largo de los barrios y comunidades chilenas; no obstante, se torna imprescindible articular todos esos esfuerzos organizativos en un Congreso Nacional donde confluyan los distintos sectores de trabajadores, estudiantes, docentes, sectores populares, campesinos e indígenas para coordinar las acciones con la formación de comités de lucha en cada escuela, fábrica y barrio para difundir y sostener el movimiento; se constituyan grupos de autodefensa y milicias entre los jóvenes y trabajadores para hacer frente a la represión del Estado y, se definan una estrategia y un programa de lucha unificados para el conjunto del movimiento con miras, fundamentalmente, a echar abajo el régimen chileno y construir un Gobierno de las y los trabajadores de la ciudad y del campo.

 

Es necesario no caer en la trampa de la “Agenda Social” de Piñera, ni del diálogo buscado por las direcciones oportunistas, y pasar de la acción espontánea a la insurrección organizada, combinada con la presión hacia las dirigencias de las principales centrales obrero-sindicales y federaciones estudiantiles por impulsar la huelga general indefinida, hasta lograr echar abajo el estado de emergencia, derrocar al gobierno de Piñera y preparar las condiciones para la convocatoria a una Asamblea Constituyente Revolucionaria, la cual no debe ser organizada por el gobierno asesino ni por los parlamentarios que aprobaron todas las reformas neoliberales contra el pueblo, sino desde los distintos sectores en lucha, con delegados emanados desde las asambleas, comités y milicias populares, en donde se discuta, elabore y defina un Plan Nacional orientado a elevar los salarios conforme a la inflación, estatizar todos los servicios básicos, el control de precios de los productos básicos; expropiar y expulsar a los grandes monopolios capitalistas (nacionales e internacionales), nacionalizar los sectores económicos estratégicos bajo el control de los trabajadores y las comunidades; cancelar el pago de la deuda externa y redirigirlo a gasto social e inversión productiva en el campo y la industria; establecer la rotatividad, revocabilidad y homologación de salarios (al ingreso promedio de un obrero) de todos los representantes populares; disolver los cuerpos policiales y del Ejército, sustituyéndolos por las milicias obreras y populares; así como garantizar al respeto y la ampliación de las libertades políticas, incluido el derecho de autodeterminación de las nacionalidades y pueblos indígenas.

 

Con el fin de dar al movimiento una perspectiva clara y luchar contra cualquier maniobra de la oposición reformista y de la burocracia oportunista, es urgente la articulación de los activistas más decididos en la movilización sobre la base de un programa revolucionario claro. Llamamos a los revolucionarios en Chile y en todo el mundo a unir sus fuerzas en la construcción de un partido revolucionario nacional e internacional. Tal partido debe combinar la lucha contra la austeridad capitalista y el autoritarismo-militarista del regimen burgués con un programa de la revolución socialista internacional. Instamos a los activistas que están de acuerdo con nuestro punto de vista a unirse a la CCRI/RCIT en la construcción de un partido revolucionario mundial!

 

Las y los jóvenes, trabajadores y sectores del pueblo chileno, se han colocado a la vanguardia del nuevo ascenso de la lucha de clases que traspasa los continentes, hermanándose con los procesos insurreccionales en Latinoamérica (Ecuador, Haití, Honduras, etc.), Medio Oriente (Irak, Siria, Irán, etc.), África (Argelia, Egipto, Túnez, etc.), Asia (Hong Kong, Cachemira, etc.), Europa (Francia, España, etc.) y otras regiones del mundo. En ese contexto, se torna imprescindible organizar la mayor solidaridad internacionalista con las movilizaciones tanto en Chile como con la gran diversidad de gestas populares que forman parte de este nuevo despertar revolucionario, que se enmarca en un período de profundización de la crisis económica, ecológica y civilizatoria del capitalismo a escala global.

 

¡Alto a la represión, abajo el estado de sitio, que retornen los militares a sus cuarteles!

¡No caer en la trampa de la Agenda Social y el diálogo con el gobierno!, ¡Fuera Piñera!

¡Por la articulación de las asambleas y comités de lucha, y la conformación de grupos de autodefensa y milicias para repeler la represión!

¡Por una huelga general indefinida hasta echar abajo el estado de emergencia y derrocar al gobierno de Piñera!

¡Por un Congreso Nacional con delegados de los estudiantes, trabajadores y demás sectores movilizados para votar un plan y un programa de lucha unitarios!

¡Por un Gobierno de los trabajadores y del pueblo chileno!

¡Por una Asamblea Constituyente Revolucionaria!