Luna Roja

En el contexto de las recientes movilizaciones en el sector de salud, compartimos algunos elementos sobre los antecedentes del descontento que manifiestan los trabajadores del sistema de salud público en nuestro país, con el objetivo de esclarecer las causas y buscar soluciones.

Antecedentes del movimiento de los trabajadores de la salud en defensa de la salud

EL Movimiento de médicos de noviembre de 1964: las condiciones precarias en las que laboran y se forman los miles de trabajadores de la salud en nuestro país persisten casi desde la fundación de las instituciones públicas (SSA: diciembre de 1938; IMSS:19 de enero de 1943; ISSSTE: 30 de diciembre de 1959); Jornadas laborales de explotación de más de 36 horas, falta de insumos médicos; el no reconocimiento de la figura laboral del trabajador de la salud en funciones de servicio social; retraso, recorte o ausencia en el pago por las actividades sanitarias; por mencionar algunas, son de los grandes dolores que aquejan a nuestra profesión y fomentan la criminalización del acto médico. Fue solo con la organización por medio de asambleas y la creación de órganos democráticos para toma de decisión (Asociación Mexicana de Médicos Residentes e Internos: AMMRI), que se logró hacer frente a las demandas más cercanas para el gremio médico durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, pero al no profundizar sobre el origen del problema, dichos órganos fueron rebasados con el paso del tiempo gracias a la política de desgaste, además de que el gobierno en turno, con todo y el sistema burocrático, reprimieron y cooptaron a los participantes de aquel movimiento.

Pacientes

México actualmente cuenta con 123.5 millones de mexicanos, de los cuales hasta el último reporte (31 de octubre de 2018) las causas de mortalidad expresan que de 703 047 defunciones, el 88.6% se debieron a enfermedades y problemas relacionados con la salud; ocupando el primer lugar las enfermedades cardíacas, en segundo lugar las complicaciones por diabetes mellitus y en el tercer puesto los tumores malignos; mientras que el 11.4% del número total fueron por causas externas, principalmente accidentes, homicidios y suicidios. Las cifras anteriores toman sentido cuando nos damos cuenta que la principal causa de mortalidad en nuestro país se puede prevenir y disminuir; que previo a la mortalidad por estos padecimientos, la clase trabajadora debe experimentar grandes periodos de incertidumbre sobre la evolución de su estado de salud y afrontar sin ningún tipo de seguridad social los gastos que conlleva su diagnóstico y tratamiento.

Hoy en día, 21 millones 424 mil 924 mexicanos no tienen afiliación a alguna institución de salud y solo 42% cuenta con cobertura de amplio paquete de atención. El número de afiliados a los distintos servicios de salud públicos se conforma de la siguiente manera: Seguro Popular: 55.6 millones, el IMSS con 43.4 millones, el ISSSTE con 6.8 millones. Con base en indicadores de salud emanados desde la OCDE en el 2017, México tiene 2.4 médicos por cada mil habitantes, en relación con 3.4 en promedio de la OCDE, es decir, por cada dos mil habitantes en el país, existen tres doctores y solo una asistente por médico, cuando de acuerdo a recomendaciones de la OMS, debemos tener entre 2 y 3 médicos por cada mil habitantes y tres enfermeros por cada médico; en promedio, hay una cama de hospital para cada mil mexicanos, además el tiempo de espera para la atención es de 91 minutos, cuando el tiempo adecuado es de 30 minutos.

Trabajadores y las Instituciones de salud

Política internacional: desde el banco mundial, el fondo monetario internacional, entre otros órganos, se dictan las políticas a ejecutar en los países “en vías de desarrollo”, repercutiendo directamente en la elaboración del presupuesto de egresos federal. Derivado de lo anterior, en México, actualmente, el sistema de salud enfrenta una reducción inicial del 3.2% con respecto al presupuesto del año anterior, sin embargo, las recientes movilizaciones impulsadas por los trabajadores del sistema de salud evidencian que existen recortes añadidos aún sin explicar su origen. 

El sistema de salud se encuentra tan golpeado en la actualidad, que ni los trabajadores de esta área están exentos de los despidos masivos, de los contratos temporales y qué decir de la imposibilidad de contemplar una pensión o jubilación. El presidente en turno no ha hecho más que eludir y descalificar a todo aquel que mantenga una crítica contra sus ajustes improvisados, incrementando la criminalización de la labor médica a cargo de la población que con justa razón exige sea atendida en cualquiera de los tres niveles de atención del sistema de salud. Claro está que la respuesta de los trabajadores en formación y servicio social, no se ha hecho esperar por lo cual convocaron a mítines y a trabajar bajo protesta; sin embargo, al no existir aún un análisis con perspectiva de clase, el naciente movimiento carece de objetivos claros en su exigencia, contradicciones en su estrategia y por lo tanto de una dirección política correcta.

Por todo lo anterior, resulta irrisorio pensar que se podrá llevar a cabo una sana transición del actual sistema de salud público actual al propuesto por el gobierno en turno, sin que esto signifique la agudización de la crisis en el sistema de salud público, el descontento de la población y el incremento de las protestas en torno a ello y, justo aquí, es donde de la necesidad permanece la esperanza de construir espacios representativos democráticos de organización permanente en el área de la salud, estrechamente vinculados con la población y así capaces de incidir en la lucha por mejoras y nuevas conquistas en terreno de la salud para la clase trabajadora. “Acuérdate, estamos históricamente condenados a la victoria”.

¡Abajo la Reforma Neoliberal de Salud!

¡Por una coordinación nacional de trabajadores del sector salud! 

¡Por la defensa del sistema de salud pública! 

¡Mayor presupuesto a la salud!

¡Por el cumplimiento del pago de becas a los médicos pasantes!