Alexis Jovan

 

Desde hace ya varios años, en Latinoamérica se expande una oleada reaccionaria. Uno a uno han venido siendo desplazados los gobiernos frente-populistas del llamado “ciclo progresista”, los cuales han sucumbido debido, fundamentalmente, a sus propios límites y contradicciones, que se han expresado de manera más aguda a raíz de los efectos de la crisis económica mundial -la cual amenaza con prolongarse y profundizarse en los años próximos- y, asimismo, en medio de las disputas entre las grandes potencias imperialistas (EUA y la UE, por un lado, Rusia y China, por otro) por redefinir sus zonas de influencia en la región.

Este fenómeno tiene su expresión más trágica en Venezuela donde, tras dos décadas, el régimen chavista se halla en bancarrota. Si bien la actual situación responde a diversos factores coyunturales, tanto internos como externos, el elemento fundamental es que el proceso bolivariano no rompió con las relaciones de dominación imperialista ni con los marcos del Estado capitalista, sino que mantuvo un modelo económico mono-extractivista, dependiente de la comercialización del petróleo hacia potencias extranjeras (EUA, Rusia, China, etc.); y así, cuando la crisis mundial azotó a la región, de la mano de la caída del precio de las materias primas, el gobierno se quedó sin su fuente principal de ingresos para sostener sus políticas asistenciales.

Para intentar salir de la crisis, el gobierno de Maduro adoptó medidas de austeridad (aumentó el dinero en circulación, incrementó impuestos, decretó devaluaciones, etc.) que provocaron hiperinflación, desempleo, escasez de bienes básicos y migraciones masivas, entre otras problemáticas; ello, aunado a la corrupción rampante en las altas esferas de la burocracia chavista y el ejército bolivariano así como la creciente represión hacia las protestas sociales y huelgas sindicales, derivadas de la carestía y el empeoramiento de las condiciones de vida de amplios sectores de trabajadores, lo que le granjeó niveles altísimos de desaprobación entre la población venezolana.

Por todo lo anterior, el gobierno de Nicolás Maduro se halla en un callejón sin salida: el desplome económico y la polarización social se han traducido en una crisis política donde la derecha ha buscado capitalizar el descontento popular para destituir al gobierno de Maduro, presionando por la convocatoria a elecciones anticipadas mientras los sables del imperialismo norteamericano se afilan en las fronteras. La crisis política adoptó la forma de una dualidad de poderes institucionales donde, ante la reelección de Maduro al frente del gobierno, Juan Guaidó -quien presidía la Asamblea Nacional- se autoproclamó “presidente interino” de Venezuela con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de los gobiernos reaccionarios del continente, encabezados por el ultra-reaccionario Donald Trump.

La situación en Venezuela ha ocasionado un gran debate no sólo entre la izquierda venezolana sino a nivel mundial. De un lado, corrientes ligadas al chavismo censuran toda crítica y proclaman la defensa a ultranza del gobierno de Maduro justificándose en el peligro intervencionista y los fracasados intentos golpistas de la derecha, bajo un supuesto discurso antiimperialista; por otro lado, existen corrientes que, criticando fundadamente al gobierno de Maduro, exigen nuevas elecciones como una salida negociada a la crisis venezolana. Ambas posturas son igualmente erróneas pues se posicionan a la cola ya sea del chavismo o, peor aún, de la derecha, dejando a las masas acorraladas en medio de las disputas entre la boliburguesía chavista que coquetea con Rusia y China, y la burguesía escuálida pro-yanqui.

Desde la Agrupación de Lucha Socialista (ALS) nos oponemos firmemente al intervencionismo imperialista sobre Venezuela y denunciamos que la derecha reaccionaria pro-yanqui sólo busca quitar a Maduro para aplicar medidas aún más salvajes de despojo; por ello, hacemos un llamado a poner en pie una campaña antiimperialista de solidaridad activa con el pueblo venezolano, con acciones coordinadas a nivel internacional. Pero, al mismo tiempo, advertimos claramente que el gobierno de Maduro representa los intereses de la burguesía, la burocracia y la casta militar bolivarianas, en las cuales se apoya para mantenerse en el poder; por ello, llamamos al pueblo de Venezuela a conformar asambleas y milicias obrero-populares para organizar la lucha con el objetivo de resistir todo intervencionismo imperialista, aplastar a la derecha golpista y, aprovechando la fuerza y experiencia obtenida en el proceso, barrer también al régimen chavista para poner en pie un verdadero Gobierno Socialista de los Trabajadores en Venezuela.

Mural imperialismo

Si la derecha reaccionaria ligada al imperialismo norteamericano ha levantado cabeza en Venezuela y en otros países latinoamericanos, se debe no tanto a su fortaleza intrínseca sino a las limitaciones programáticas, estratégicas y de clase mostradas por los gobiernos frente-populistas para resolver las demandas, problemáticas y aspiraciones del pueblo trabajador, pues si bien aplicaron algunas medidas reformistas-nacionalistas y dieron algunas concesiones a las masas bajo la forma de programas asistencialistas-clientelares, lo esencial es que mantuvieron lazos de subordinación al imperialismo, implementaron políticas de ajuste neoliberal, pactaron con la derecha reaccionaria, se envolvieron de corrupción y reprimieron toda movilización social que saliera de su control.

Pero, además, si es la derecha la que está capitalizando políticamente el hundimiento de los llamados “gobiernos progresistas”, se debe fundamentalmente a que la izquierda independiente y revolucionaria no ha logrado posicionarse como una alternativa viable frente a las masas; es decir, la contraofensiva reaccionaria que prevalece actualmente en el continente es expresión, en última instancia, de la histórica crisis de dirección revolucionaria a nivel mundial. Frente a ello, es imprescindible superar la desorientación ideológica así como el oportunismo y el sectarismo prevaleciente en la izquierda, construyendo partidos revolucionarios en cada país, articulados a nivel regional e internacional, capaces de conducir las luchas de los pueblos latinoamericanos hasta el triunfo de la revolución socialista mundial.

 

¡Por un gobierno de los trabajadores y sectores populares venezolanos!

¡Por un movimiento antiimperialista de los pueblos latinoamericanos!

¡Por una América Latina Socialista!

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