Alexis Jovan

Tras más de un año de negociaciones, el pasado 30 de septiembre, México llegó a un nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá (AEUMC) que, si bien deja de lado algunos puntos secundarios del anterior Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado el 1ro de enero de 1994, mantiene los ejes fundamentales de la subordinación de nuestro país hacia sus socios comerciales norteamericanos.

En anteriores números de nuestra prensa Lucha Socialista, ya habíamos señalado que, después de un cuarto de siglo bajo el sometimiento del TLCAN y otros tratados internacionales, los resultados en México han sido: ceder la mayor parte de nuestro territorio a empresas transnacionales; el desmantelamiento del campo mexicano con las importaciones del agro norteamericano; la desindustrialización del país a partir de la competencia desigual contra la manufactura extranjera; el congelamiento de los salarios y la flexibilización de los empleos (acabando con las prestaciones laborales para mantener mano de obra barata “competitiva”); un vuelco de nuestra economía hacia el sector servicios (turismo) y de maquila; una mayor dependencia financiera (basada en las remesas e inversión extranjera) y tecnológica (sin inversión en una base técnico-industrial propia para dejar de importar maquinaria y tecnología rezagada); la entrega y sobreexplotación de nuestros recursos naturales (petróleo, minas, gas, biodiversidad, agua, etc.). En pocas palabras, la pérdida de nuestra soberanía económica, política, alimentaria y de seguridad nacional.

Entonces, resulta una falacia cuando Trump dice que el TLCAN no ha beneficiado a EUA y, cuando los recientes gobiernos mexicanos reivindican su firma como lo mejor que le ha pasado a nuestro país. La realidad es que, en México, dicho tratado ha provocado severas afectaciones hacia los trabajadores y los diversos sectores populares del campo y la ciudad, mientras que ha significado multimillonarias ganancias para los empresarios, nacionales y extranjeros; particularmente, los monopolios norteamericanos han sido los principales beneficiarios pues a través de este acuerdo han tenido a su entera disposición recursos geoestratégicos para su economía como petróleo, agua, gas, mano de obra barata así como territorios y mercados para sus inversiones, productos y servicios, encontrando en México un paraíso de inversión para sus capitales a raíz de las cláusulas del Tratado, que ofrecen garantías y facilidades para obtener grandes beneficios sin pagar impuestos ni atender normas ambientales y sin respetar los derechos laborales de la clase obrera mexicana ni los derechos ancestrales de los pueblos originarios y las comunidades campesinas sobre sus territorios y bienes naturales.

Es decir, que con base en el TLCAN se han hecho millonarios unos cuantos a costa de la devastación ambiental, económica y social de nuestro país. A ese respecto, unas cuantas cifras son aleccionadoras: entre 1993 y 2016 el comercio regional aumentó cuatro veces su valor (290 mdd a 1,1 billones mdd) y la inversión estadounidense en México creció casi 7 veces (de 15 mdd a 100 mdd); pero, en contraparte, para amplias capas tanto del pueblo norteamericano como del mexicano la situación se mantuvo igual o empeoró, pues en EUA se perdieron 350 mil empleos mientras que en México alrededor de 2 millones de pequeños agricultores sucumbieron a la apertura del sector agrícola; sin mencionar que las deplorables condiciones de pobreza y desigualdad en nuestro país se mantuvieron intactas o aumentaron, a la par que las familias más ricas en ambos países acrecentaron formidablemente sus fortunas.

Si esto ha sido así, ¿por qué se renegocia el TLCAN y se firma ahora el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (AEUMC)?, ¿cuáles serán los cambios más importantes en las relaciones comerciales de América del Norte?, ¿qué repercusiones tendrá para México? Para responder a estas preguntas, primero es necesario tener en cuenta el contexto internacional así como la situación política y económica por la que atraviesan los países firmantes, particularmente Estados Unidos y México.

Un elemento clave para entender la urgencia por modificar las relaciones comerciales en la región de América del Norte es el declive hegemónico que EUA ha padecido en el escenario internacional como potencia económica, lo cual se ha traducido en un viraje proteccionista de su política exterior ante la creciente competencia y disputa con otras potencias, en el marco de una aguda guerra comercial entre los distintos bloques imperialistas, particularmente entre EUA y China, por lo que al gobierno estadounidense le interesa alinear a México como un socio comercial leal y subordinado. La mayor expresión de esta actitud defensiva que asume Estados Unidos frente a otras potencias es el artículo 32 del Acuerdo que prohíbe a las partes firmantes establecer cualquier tipo de acercamiento comercial con China; con ello, Trump busca mantener a nuestro país como un mercado cautivo y un aliado sumiso que lo respalde en su belicismo comercial.

Otro factor, de índole interna, responde a la crisis económica y los cuestionamientos políticos a las administraciones tanto de EUA como de México, que obligan a Trump y a Peña a acelerar la firma del Acuerdo como vía para legitimar sus gobiernos ante el descrédito que padecen. En el caso de Trump, responde a su necesidad de anotar un logro a su administración y posicionarse de cara a las elecciones intermedias que tendrán lugar en EUA a finales de año. Por otro lado, también responde a la urgencia de finiquitar las negociaciones antes del recambio presidencial en México el 1ro de diciembre de 2018, con tal de amarrar los puntos esenciales, independientemente del partido que ocupe el Poder Ejecutivo. En ese contexto se llegó a un acuerdo en una fecha que permitiera el plazo necesario de 60 días para ser ratificado por los congresos de cada uno de los países; por lo que, muy probablemente, la firma se efectúe el 29 de noviembre, cuando los presidentes de los tres países se encontrarán en las reuniones del G-20 en Buenos Aires, Argentina.

Ahora, debe destacarse que el AEUMC se firmó en dos partes, primero, entre México y EUA el 27 de agosto y, luego, se sumó Canadá hasta el 30 de septiembre. Ello como una argucia de Trump para dividir y negociar por separado con cada uno de los otros socios y obtener mayores ventajas, sobre todo respecto a México, el país con la economía más pequeña. En cuanto al contenido sustantivo del nuevo Acuerdo, uno de los aspectos más importantes es que las cláusulas en materia tecnológica (derechos de propiedad intelectual), agraria, energética y migratoria se mantienen igual en sus rasgos esenciales, es decir, fomentando la dominación semicolonial de México. Por otro lado, se agrega la cláusula sunset que implica una revisión periódica (cada 6 años) del acuerdo así como otras encaminadas a garantizar las inversiones extranjeras y desahogar las controversias entre los Estados firmantes, con claras ventajas para EUA.

Los ejemplos más claros son la apertura del mercado de lácteos canadiense a los productores ganaderos estadounidenses, generando una mayor integración comercial de la región (buscando revertir los déficits en la balanza de pagos norteamericana); pero, sobre todo, la modificación de las reglas de origen en cuanto a la composición nacional y los salarios para los obreros en la industria automotriz, pues Norteamérica logró aprobar que el 75% de los vehículos debe ser producidos en uno solo de los países para no generar impuestos de exportación, además de que 45% del auto debe ser construido por trabajadores que ganen mínimo 16 dólares por hora. Con ello, EUA busca llevarse las empresas automotrices hacia su territorio para que aporten a la generación de empleos en esa nación (a costa del desempleo que ocasionará en México, principal exportador en el ramo); pero, además, pretende presionar y desplazar a las empresas que decidan permanecer en México (que por sus bajos costes de producción -es decir, míseros salarios- atrae la localización de fábricas en nuestro territorio) así como apropiarse de una mayor parte de la plusvalía que se genera en dicha industria al atraerse el origen de las cadenas de valor del sector automotriz

Con lo antes expuesto, vemos que este nuevo Acuerdo solamente llevará a una mayor profundización de nuestra dependencia como país semicolonial respecto al imperialismo estadounidense, por lo que ¡Hacemos un llamado a los sindicatos y organizaciones sociales en los tres países a generar movilizaciones internacionalistas en rechazo a la firma del AEUMC (USMCA)!. En el caso de México, éste así como otros tratados internacionales, constituyen la base de todas y cada una de las medidas que ha venido implementando el Estado mexicano en contra del pueblo en las últimas décadas: desde las políticas de inmigración hasta las estrategias de seguridad, pasando por las Reformas Estructurales y los megaproyectos capitalistas locales, regionales y nacionales, tienen su sustento legal, económico y político en estos tratados imperialistas; por ello, decimos que es necesario que todos los sectores en resistencia nos unifiquemos en una sola lucha por echar abajo todos los mecanismos de dominación que mantienen encadenado a nuestro país como una semicolonia norteamericana, así como a todos los partidos, instituciones políticas y empresarios que han firmado y se han beneficiado de estos pactos entreguistas con la burguesía internacional.

¡Cancelación de todos los acuerdos imperialistas!

¡Convoquemos una gran jornada de lucha trinacional contra la firma del AEUMC!