Las elecciones presidenciales de este año, serán las más relevantes de las últimas décadas no sólo porque tendrán el financiamiento más alto de la historia y la mayor cantidad de cargos a elección en disputa sino, sobre todo, porque se realizarán en el contexto de una crisis estructural del régimen político mexicano debido al estancamiento económico, la ingobernabilidad e inseguridad prevaleciente así como la creciente inconformidad que manifiestan distintos sectores sociales por la corrupción, impunidad, represión y entreguismo de quienes gobiernan este país, lo que orilla a prever una gran volatilidad política en torno a los resultados de la presente coyuntura.

Lo primero a resaltar es la presencia de los “independientes”, Margarita Zavala y El bronco, quienes lograron su registro debido a las trapacerías de las instituciones electorales, a pesar de que la mayoría de las firmas que obtuvieron fueron apócrifas y su financiamiento de dudosa procedencia, mientras por otra parte se excluyó a una auténtica representante del pueblo como Marichuy, vocera del Concejo Indígena de Gobierno, por no haber logrado superar las restricciones impuestas por el INE para lograr su candidatura a pesar de que sus 290,000 firmas si fueron obtenidas con el esfuerzo de miles de voluntarios constituidos en redes de apoyo. Muestra de que el INE y demás instituciones niega la posibilidad de que los de abajo participen en las decisiones y el gobierno de este país.

Por otro lado, el primer debate organizado por el Instituto Nacional Electoral el pasado 22 de abril, entre los 5 candidatos que contenderán por la presidencia de la República, fue solo la expresión más grotesca de lo que han sido las campañas, reflejando tanto la ilegitimidad del actual sistema electoral de partidos como el cinismo de la clase política mexicana. Más que debate, lo que prevaleció fueron las mutuas acusaciones por casos de corrupción e ineficiencia de lo cual, ningún candidato pudo esconderse ni responder con alguna prueba clara de inocencia. Al contrario, se llenaron la boca de promesas y más promesas, como cada 6 años, que no se cumplirán, manifestándose una carencia completa de propuestas viables para solucionar las grandes problemáticas de los trabajadores y sectores populares mexicanos. Pero más importantes son todos los temas de los que no hablaron.

La mayoría de los candidatos se declaró a favor mantener al ejército en las calles (incluso dentro de las escuelas); mientras que Obrador tampoco se pronunció por la desmilitarización y el retorno inmediato del Ejército a sus cuarteles, a pesar de la violación sistemática de derechos humanos que ha traído la supuesta guerra contra el narcotráfico; ninguno planteó la necesidad de elevar los salarios al nivel de la canasta básica y conforme al alza de precios como vía para mejorar las condiciones de vida de la población, ni de democratizar los sindicatos expulsando las dirigencias charriles que sirven al gobierno y los patrones para controlar a los trabajadores; ninguno dijo que cancelaría todas las reformas estructurales y tratados comerciales (TLCAN, TPP, etc.) firmados por el gobierno mexicano con las potencias imperialistas, ni habló de nacionalizar las industrias estratégicas así como las tierras y recursos naturales del país como única vía para superar la situación de dependencia y subdesarrollo de la economía mexicana.

De igual manera, ninguno mencionó medidas concretas y de largo alcance para terminar con los feminicidios, la violencia, discriminación e inequidad de oportunidades que sufren las mujeres ni, mucho menos, de medidas para garantizar el ejercicio pleno de sus derechos sexuales y reproductivos con acceso gratuito y seguro a métodos anticonceptivos, aborto, educación sexual, etc.; tampoco se pronunciaron por la entrega de tierras, créditos e insumos a los campesinos y por la cancelación de los megaproyectos que privatizan nuestros recursos y desplazan a nuestros pueblos, ni por el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés y el respeto a los derechos de los pueblos indígenas; mucho menos se tocaron temas como el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo entre otros derechos fundamentales de la comunidad sexodiversa, ni tampoco se habló sobre la necesidad de garantizar la vida y los derechos de los migrantes, tanto nacionales como centroamericanos que pasan por nuestro territorio, entre muchos otros temas.

Lo anterior, solo por mencionar algunos de los problemas más urgentes que padecen diversos sectores de la población, para ninguno de los cuales hubo ni habrá tiempo ni espacio en el discurso y en la agenda de los candidatos oficiales.

Por ello, hacemos un llamado a no confiar en que por vía de las elecciones se podrán generar grandes cambios en las condiciones de vida de la mayoría de la población, a no delegar en las instituciones de gobierno la solución a los grandes problemas del país que solamente pueden ser resueltos con la organización y la movilización independiente de los de abajo, de quienes estemos dispuestos a luchar por defender y ejercer los derechos y las conquistas históricas de nuestros pueblo, y conformar una alternativa anticapitalista cuyo eje sea derrocar el actual régimen político y poner en pie un Gobierno de las y los trabajadores, campesinos, indígenas, jóvenes, estudiantes, amas de casa y demás sectores populares, ¡como un primer paso para construir el socialismo como el único mundo que nos permitirá vivir libres de la violencia del Edo capitalista, de la explotación, opresión e injusticia!

 

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