Profesora de Educación Media Superior de la SEP

La Reforma Educativa de EPN nombra maestros “idóneos” aquellos que lograron el puntaje mínimo determinado por el Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE) en su Concurso de Oposición para los maestros que ingresarán bajo sus nuevas reglas; término, además, que anuncia la separación malintencionada, por parte de la SEP, de los docentes en activo con respecto al resto de profesionistas que buscan ingresar al magisterio.

Aunque mediáticamente la evaluación supuestamente busca mejorar la calidad de la educación, en realidad ataca directamente la estabilidad laboral de los docentes pues, aunque resultes idóneo en sus evaluaciones, el nombramiento tiene fecha de caducidad de 4 años después de los cuales no tienes la seguridad de continuar en tu empleo. Tal inestabilidad laboral resulta en una planta docente fluctuante con la cual, el gobierno limita las posibilidades no solo de una acumulación de experiencia docente sino también de formación y participación sindical para los nuevos maestros.

Los elementos que expongo para desarrollar esta idea, están basados tanto en las lecturas sobre la Reforma Educativa como en la experiencia como docente de recién ingreso a la educación pública.

¿Cuál es el perfil de los maestros que estamos ingresando al Servicio Profesional Docente?

  1. El Concurso de Oposición, en su pretensión de excluir a los egresados de las normales, abrió convocatorias públicas cuyos perfiles están dirigidos a los profesionistas de diferentes licenciaturas, e incluso posgrado que, con la precariedad existente en sus propios mercados laborales, deciden buscar la docencia como una última opción de ingreso económico. Los maestros idóneos, en su mayoría, provienen de clases medias que, si bien algunos podrían ser progresistas, se caracterizan por una ideología liberal basada en el desempeño, competencia y crecimiento individualista cuyas perspectivas son la movilidad laboral constante hasta encontrar un trabajo más acorde a sus expectativas de desarrollo profesional que se aleje de las carencias de las escuelas públicas y la sobrepoblación de los grupos que generan un gran desgaste físico y emocional.
  2. Por lo tanto, muchos de estos jóvenes profesionistas, convertidos circunstancialmente en maestros, no llegan con la vocación docente, ni mucho menos de lucha gremial en comparación con los normalistas que desde sus escuelas son formados académica y políticamente para defender sus derechos, de ahí por qué el gobierno está cambiando la composición social de los docentes de educación pública, para acabar con el sector disidente y hacerse de una base despolitizada y más controlable.
  3. Además los maestros idóneos tienen la desventaja de ingresar a laborar bajo una nueva ley y mecanismos de instrumentación por demás ambiguos, que ni las autoridades federales o locales nos aclaran, pero tampoco los delegados de la SNTE. Esto genera que los maestros recién ingresados estén más preocupados por “desempeñar” su trabajo en los términos que las autoridades lo piden (aunque tampoco esto garantizará la permanencia) y en un silencio ante las carencias que hay por temor a salir “insuficientes” ya que uno de los instrumentos de las evaluaciones es llenado por la Dirección de la escuela a la que se pertenece. Es decir, sobre los maestros idóneos se ciernen mecanismos de control políticos que los inhiben para lograr una formación y trayectoria sindical.

Con esta estratagema, el más golpeado es el sindicalismo disidente de la CNTE ya que, en los hechos, le impide nutrirse de una base politizada así como renovar a sus dirigencias, pues la mayoría de quienes entramos por el concurso somos jóvenes profesionistas, mientras sería interesante conocer cuál es la edad promedio y la antigüedad laboral de los delegados y dirigentes sindicales. En tales condiciones, ¿cómo poder incidir en la vida sindical como jóvenes maestros recién ingresados a la educación pública?, ¿cómo defender nuestros derechos laborales y lograr mejores condiciones para nuestra labor educativa?

Primero necesitamos romper la división que pretende el gobierno entre maestros idóneos y maestros en activo bajo el viejo esquema, necesitamos unirnos como gremio para echar abajo la Reforma Educativa. Segundo, los maestros recién ingresados necesitamos asumirnos como trabajadores de la educación, sin temer a unificar nuestros intereses profesionales a la noble labor de la formación de niños y jóvenes de los sectores más golpeados. Con ello, exigir claridad en nuestras condiciones de contratación y la basificación permanente; asimismo, oponernos a las evaluaciones que buscan lastimar nuestros derechos y estabilidad laborales, y sumarnos al amplio movimiento magisterial en defensa de la educación pública.

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