Pronunciamiento de la Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI). Agosto 2017.

El pasado 30 de julio se llevaron a cabo elecciones para nombrar a los delegados que conformaron la Asamblea Constituyente (AC) convocada por Nicolás Maduro ante la crisis política. Sus resultados mostraron que ésta fue un instrumento burocrático para reafirmarse en el poder como habíamos advertido en nuestras Tesis sobre la situación actual de Venezuela. Sus mecanismos antidemocráticos se revelaron en su magra participación: aunque las cifras oficiales reportaron un 42% de votantes, fuentes independientes registraron una abstención de 82%. Eso sin mencionar que, la asistencia a las votaciones fue en un clima de coacción por parte de los líderes sindicales burocráticos que trataron de obligar a sus agremiados a votar, así como por parte de las redes corporativas en las zonas populares urbanas y rurales. Por su parte, la derecha, ni siquiera participó sabiéndose débiles frente al aparato gubernamental chavista.

Como había calculado Maduro, la AC -bajo sus condiciones- le permitió fortalecerse y controlar el conjunto del aparato estatal. En su primera sesión, la AC desplazó al Parlamento, asumió sus funciones legislativas y destituyó a su oposición en el aparato judicial (la ex fiscal general, Luisa Ortega). En tanto que los militares continúan siendo su apoyo más fuerte, con excepción de la minoría que se amotinó en Carabobo poco después de instalarse la AC quienes, al parecer, comienzan a simpatizar con la derecha.

Estos meses hemos presenciado la disputa por el poder estatal entre las dos burguesías venezolanas, la boliburguesía enriquecida a partir de las rentas petroleras y el aparato estatal y aquella organizada en torno a la MUD asociada ideológica y económicamente al imperialismo norteamericano (aunque EEUU no tiene problema en negociar con ambas como lo ha hecho durante años con el negocio del petróleo con el propio H. Chávez). Sin embargo, ninguna de las dos burguesías tiene una base social mayoritaria. El aparato estatal es casi la única trinchera que le queda a Maduro pues ha perdido la mayoría de la inmensa base popular con la que contaba Hugo Chávez tanto por las medidas neoliberales que ha aplicado en contra de los trabajadores y bolsillos del pueblo pobre, por la represión contra los sectores disidentes y por la misma desmoralización en los sectores chavistas ante esta crisis económica y política que su líder caudillista no ha podido resolver.

La división de la burguesía venezolana y su carencia de apoyo masivo, son factores favorables para asentar una situación pre revolucionaria; sin embargo, a pesar de la furia con la que las masas venezolanas han resistido en las calles, el problema es la falta de una clara dirección política del movimiento de masas venezolanas que defina el objetivo y la ruta estratégica para lograrlo.

EEUU sabe de las potencialidades de las masas pobres venezolanas (como ya lo demostraron en el Caracazo en 1989 y en la defensa de Chávez en el 2002), es a ellas a quiénes le teme en realidad, por ello, ha desplegado una campaña mediática a nivel internacional con ayuda de sus países lacayos como México, Colombia junto con organismos latinoamericanos como la OEA. Sabe que con ambas burguesías puede aliarse, lo ha hecho con Chávez, con Maduro –quien a pesar de los disparos mediáticos de invasión, le tiende su mano a Trump- y, por su puesto con la burguesía que lucra con las importaciones; es así que, a través del ex presidente español Rodríguez Zapatero sabueso del imperialismo, busca una salida negociada entre ambas burguesías para aplastar a las masas insurrectas.

Si la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y N. Maduro lograran una negociación, aunque sea temporal, el mayor riesgo sería para las masas pobres que han salido a luchar en las calles, porque la alianza de la burguesía, significará su brutal represión. De ahí la importancia de mantener dividida a la burguesía y aprovechar la resistencia que están dando las masas en las calles para aplastar tanto a la derecha pro-imperialista como barrer al régimen chavista, pues ninguna de ambas parte brindará una solución favorable a los intereses del pueblo trabajador en Venezuela. A propósito, ¿cómo están las fuerzas de las masas?

Aunque el pueblo venezolano está enérgicamente en las calles, los grupos de izquierda, al igual que la burguesía, también están divididos y eclipsados por su sectarismo. Por un lado, está la pequeña burguesía intelectual reformista y el estalinismo que, a lo largo de América Latina, defienden al gobierno de Maduro instalados en su fe en el romanticismo del bolivarianismo, unos, y los segundos que, por sus relaciones directas con el Castro-Chavismo y su oportunismo, niegan que el régimen chavista ha empobrecido y oprimido al pueblo venezolano. Por otro lado, se encuentran las organizaciones ligadas al socialismo que, en su mayoría, declara como enemigo a Maduro y por consiguiente dirige toda su propaganda a derrotarlo; negando o minimizando los peligros de la burguesía reaccionaria y del imperialismo detrás de ella y que operan impunemente con grupos de choque fascistas en los barrios pobres (cobrando la vida de personas de color, principalmente) a los cuales hay que combatir con determinación.

En la lucha de clases no solo hay que saber distinguir a los enemigos, sino el diferente nivel de peligro que representan para las masas, para así definir la estrategia y las tácticas más adecuadas, reconociendo las fuerzas objetivas y subjetivas de la clase trabajadora en cada momento concreto del proceso.

Aunque el peligro mayor lo representa la burguesía reaccionaria ligada al imperialismo que pretende dar un golpe de Estado por derecha, aun así, la clase trabajadora no debe confiar en que el gobierno de Maduro busca aplastar a la MUD y romper con el imperialismo, sino al contrario, pretende negociar con ellos para mantenerse en el poder a costa del hambre y la miseria del pueblo venezolano; por ello, la necesidad de exigir una lucha consecuente por aplastar a la MUD, armando a los obreros y sectores populares, nacionalizando todos los sectores estratégicos de la economía (industria, comercio, finanzas, alimentos, etc.), expropiando las propiedades de los reaccionarios, nacionales e internacionales, encarcelando a sus líderes, confiscando sus medios de comunicación, cuentas bancarias, y todo recurso con que cuentan hasta ahora para seguir urdiendo sus intentonas golpistas, dando una ofensiva en toda la línea hasta encarcelarlos y expulsarlos del país; lo cual permitirá el pueblo venezolano obtener la suficiente experiencia, claridad y fuerza para avanzar hacia la construcción de un gobierno de los trabajadores, campesinos y sectores populares.

Por ello, desde la Corriente Comunista Revolucionaria Internacionalista (CCRI) consideramos vital en estos momentos, generar una política revolucionaria entre las masas venezolanas movilizadas para que enfrenten la ofensiva del imperialismo norteamericano y derroquen a la derecha junto con el gobierno de Nicolás Maduro. Si el pueblo venezolano tiene la suficiente fuerza (que lo ha demostrado) y claridad política, puede barrer a ambos de un solo golpe fulminante.

Para ello, es tarea fundamental, la organización independiente de los sectores pobres en lucha, es necesario la formación de comités en cada barrio, escuela y centro de trabajo que se apropien de las funciones más básicas para comenzar a resolver la crisis alimentaria, de salud, económica y de seguridad. Formemos comités de autodefensa contra los ataques de los grupos paramilitares de la reacción y del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), comités de distribución y control de alimentos y medicinas que expropien y echen a funcionar las fábricas de los grandes empresarios acaparadores. Para conjuntar las fuerzas insurrectas es importante que convoquen a un Congreso Nacional de Lucha donde todos los sectores explotados y oprimidos definan los ejes de movilización y tracen una ruta conjunta de plan de acción.

 ¡Fuera EEU del conflicto venezolano!

¡Abajo la derecha y Maduro!

¡Por la libre sindicalización democrática e independiente del régimen chavista!

¡Por un gobierno de los trabajadores, campesinos y sectores populares en lucha!

¡Por la solidaridad internacionalista con el pueblo trabajador venezolano!

¡Por un Partido Internacional de la Revolución Mundial!