NO MILITTracio Sánchez

Desde hace más de diez años los mexicanos hemos sido testigos del aumento y protagonismo de las fuerzas armadas, entendidas estas no solo a la marina y el ejército, sino además un sector de la Policía Federal y la Gendarmería son soldados, siguiendo el modelo de una policía militarizada similar a los carabineros en chile o el swat de los EU. Para la mayoría de la vanguardia este hecho significa que estamos o nos dirigimos a hacia un régimen fascista. Nosotros no concordamos con esta afirmación, creemos que producto del incremento y radicalización de las movilizaciones a nivel nacional el debilitado gobierno de EPN tiene que recurrir a la represión como forma para hacerle frente.

Durante el viejo régimen presidencial del PRI, dos fueron las características que tuvieron las fuerzas armadas. La primera era que los militares estaban subordinados al poder civil, el ejército como todas las demás instituciones y organizaciones estaban corporativizadas por el PRI. Esto es importante destacar ya que este hecho cerró la posibilidad de un golpe de estado al viejo régimen presidencial, por ejemplo, durante el mismo periodo en la mayoría de los países de américa latina la participación de los militares ha sido preponderante, incluso por largo periodos ejercieron directamente el poder.

La segunda característica fue su papel como instrumento de represión. Cuando los trabajadores y pueblo de México salían a manifestar cualquier tipo de inconformidad o desacuerdo con el gobierno, la respuesta del viejo régimen siempre fue la misma, las bayonetas. Obreros, campesinos y estudiantes que quisieron ejercer su derecho a la libre manifestación, eran reprimidos por el ejército a las órdenes del presidente en turno. Masacres, detenciones-desapariciones y cárcel fue lo que recibieron las masas explotadas durante ese periodo.

Una de las razones por las que cae el viejo régimen del PRI, fue el debilitamiento del ejército, que al ser el único instrumento de represión, se desgasta y fractura. A principios de los 80’s termina la llamada guerra sucia y comienza la lucha de las masas por recuperar sus libertades democráticas y la caída del PRI. Durante este periodo el ejército deja de tener un papel protagónico a la hora de resolver los conflictos sociales, es la negociación y concesión de libertades democráticas las que se van imponiendo. Para la década de los noventas y gracias a las luchas en todo el país prácticamente son ganadas la mayoría de esas libertades democráticas. El mejor ejemplo es cuando surge el EZLN, que ante la movilización nacional y de masas en solidaridad con los indígenas de Chiapas, el gobierno de Salinas se ve impedido en reprimir y es obligado a reconocer y negociar con la comandancia zapatista.

A partir de la ciada del PRI y del llamado periodo de transición democrática, el ejército no solo dejó de ser el instrumento de represión, sino que además estuvo arrinconado por las masas que presionaron para que los militares respondieran por sus crímenes. Es en este periodo cuando se creó una fiscalía que investigara a los militares e incluso alguno de ellos fueron detenidos. Sin embargo al desaparecer el poder presidencial, en el ejército comienza un proceso de autonomía e independencia frente al poder civil.

Ahora bien eso no quiere decir que el gobierno dejara de reprimir, lo sigue haciendo pero como la última opción, primero trata de negociar, dar concesiones y si aún hay resistencia detiene de forma legal a algunos dirigentes; antes no, la única salida eran las bayonetas. El ejército tuvo que actuar en las sombras en la llamada guerra de baja intensidad, que como característica era que ya no actuaba directamente, sino a través de grupos paramilitares o de militares vestidos de policías. Además el ejército tuvo que compartir sus tareas con las recién creadas Centro de Investigación y Seguridad Nacional, la Policía Federal y la Gendarmería, configurando un estado más de  tipo policial que militar al ser la policía y no el ejército como principal instrumento de control y represión.

En el 2006 Calderón gana la presidencia con una diferencia de menos de un punto del padrón electoral, como su triunfo no es reconocido por la mayoría de la población quienes ven en AMLO como el ganador, salen a las calles a defender la voluntad popular. Ante este hecho el gobierno de FeCal nace debilitado y se ve en la necesidad de hacer una alianza con la comandancia de las Fuerzas Armadas, en lo que se llamó la guerra contra el narcotráfico, que en los hechos se transformó en una guerra contra los trabajadores del campo y la ciudad.

Desde que Peña asumió el poder, la resistencia de las masas no solo se incrementan y son recurrentes, sino que además tienen un alcance nacional y con métodos radicales de lucha. División de la burguesía, crisis de los partidos del pacto, resistencia de la clase media y aumento de las luchas de los trabajadores del campo y la ciudad, ha obligado al régimen a usar a la policía como principal instrumento de represión contra las masas movilizadas, dejándole al ejercito las tareas de seguridad y la lucha contra el narco. EPN tiene que recurrir a esta salida no porque sea fuerte, sino al contrario, como no cuenta con aliados, se ve en la necesidad de apoyarse en el ejército y la policía.

Esto en si es peligroso, porque crea las condiciones para que los militares se presenten como una alternativa para solucionar la crisis y el descontento social. Por eso su creciente activismo político al presionar para que se apruebe las leyes que permiten su participación en tareas de seguridad, quieren convencer a la burguesía que, si los políticos no pueden, ellos terminarían con el descontento. Pero reiteramos, lo predominante son las movilizaciones que no cesan, la gente le está perdiendo el miedo a la represión y lo enfrentan, el mejor ejemplo son Nochixtlán, Ixmiquilpan y Camargo, donde las fuerzas represivas son derrotadas obligando a la burguesía a apostarle por una salida democrática a través de AMLO que a una salida militar.

Para poder detener al avance del ejército en la vida política del país, como Agrupación de Lucha Socialista reivindicamos la táctica leninista que parte de la imposibilidad de derrotar por vía del enfrentamiento armado a las fuerzas represivas del Estado. Al ejército burgués se le destruye desde dentro, ganando a la mayoría de los soldados para que con sus armas se pasen al campo de la revolución, los soldados tendrán que detener a sus oficiales y elegir democráticamente a su comandancia. Con la policía es distinto, a estos se les detendrá, desarmara y serán disueltos, policías y generales serán llamados a rendir cuentas sobre su actuación como instrumentos de represión.

Para que esto suceda se necesita la unificación de las luchas y resistencias que se están dando en todo el país. Los trabajadores del campo y la ciudad han demostrado su disposición a salir a luchar, falta que las organizaciones de masas las unifiquen, vasta de discusiones y debates estériles, votemos un programa nacional de lucha, sigamos el ejemplo del CNI-EZLN y llamemos a conformar un Consejo indígena, obrero, campesino y popular de gobierno.

¡Fuera Peña y sus partidos del pacto!

¡Disolución de la policía y que los soldados se pasen del lado del pueblo!

¡Por milicias obreras, campesinas y populares!

¡Por un Frente Nacional de Lucha!

¡Por un gobierno de los trabajadores del campo y la ciudad!

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