Trump ha tenido problemas para realizar sus planes respecto a México y se ha enfocado a conflictuarse con otros países. El ataque a los migrantes se mantiene en cifras similares a las de Obama. Sin embargo, bien nos basta con quienes tienen el poder en nuestro país.

La situación económica después del gasolinazo hace palpable el golpe a los bolsillos de nosotros los “de a pie”. Hay expectativas muy bajas para el crecimiento económico (1% para este año). Además, México ocupa el último lugar de los 35 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con un salario promedio de 14.63 dólares (aún después del aumento salarial decretado el año pasado por Mancera), casi el 80% de la población no tiene acceso efectivo a la canasta básica. También es importante ver su rendimiento ante el aumento de los precios, pues el cálculo de inflación (5.7%) se equipara a julio del 2009, pocos meses después de estallar la crisis mundial. Solo el 57% de la población cuenta con seguridad social, y un 54% trabaja en la informalidad. Hacia el fin de este año se espera que los aumentos a precios de bienes y servicios aumenten, mientras tanto, el Estado sigue cobrándose los ingresos públicos para mantener sus comodidades y prebendas.

La inseguridad y violencia siguen en aumento. Parece algo más que cotidiano y bajo control de acuerdo a la tranquilidad, tal como lo sugieren implícitamente los principales medios “informativos” y el gobierno. De acuerdo con Animal Político “el nivel de violencia registrado en el primer mes de este año no se había visto ni aun en los peores años de la “guerra contra el narcotráfico” que arrancó en el sexenio pasado” (21/02/2017). En ese contexto destacan las recientes muertes ocurridas en las instalaciones de Ciudad Universitaria, sin que hasta la fecha se haya esclarecido lo sucedido haciendo evidente la inutilidad de las “estrategias” de seguridad y la complicidad de las autoridades universitarias.

Fracturas e incertidumbre aumentan en los grupos de poder en nuestro país. El régimen busca solventar la creciente crisis que corroe el país por vía de las elecciones, pero ni por parte de los políticos ni de los empresarios existe una unidad suficiente que les asegure la gobernabilidad para el próximo sexenio. Aunado a esto, la ausencia de una organización de masas con un programa revolucionario impide pasar más allá de una lucha defensiva para tirar al régimen. Urge conformar ese referente político para transformar de fondo la situación de los explotados y oprimidos en México.

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