EleccionesLas recientes elecciones en Estado de México, Nayarit y Coahuila fueron la expresión concentrada de la situación del país y la primera medición de fuerzas hacia 2018. Mucho de lo ocurrido lo veremos reproducido de manera aumentada el próximo año, por lo que se torna imprescindible analizar no solo los resultados electorales sino, sobre todo, los realineamientos políticos que se produjeron en esta coyuntura.

 Despilfarro, coacción y acarreo marcaron el proceso electoral

Lo primero que es necesario señalar es el carácter profundamente antidemocrático de la pasada jornada electoral. En diversos medios se denunciaron los múltiples mecanismos utilizados por el aparato partidario y gubernamental del PRI, tanto a nivel local como federal, para “cargar” la contienda electoral en favor de sus candidatos. Desde las precampañas se distribuyeron de manera masiva despensas, tarjetas con dinero electrónico, computadoras y otro tipo de “dádivas”; asimismo, diversas secretarías como SEDESOL, SEDATU y SEP adelantaron la entrega de diversos “apoyos” como vales para útiles escolares, subsidios al campo, equipamiento de escuelas y la promesa de un “salario rosa” para las amas de casa en Edomex.

Todo ese despilfarro no cuantificable de recursos estuvo acompañado por la aprobación de los topes de campaña más altos de la historia, de los más de $15 mil millones destinados al Instituto Nacional Electoral (INE), casi una tercera parte ($4 mil 138 millones) se repartieron entre los distintos partidos; ello, en un contexto de recientes aumentos a los precios de los productos y servicios básicos derivado del gasolinazo aprobado a inicios de año, y de una serie de recortes presupuestales en distintos ámbitos sociales: salud, ciencia y tecnología, campo, educación, etc. lo cual sólo agudiza más el descontento de la población con el actual sistema político.

Asimismo, no faltó la acostumbrada coacción del voto el día de la elección: robo de urnas, agresiones armadas en casillas electorales, acarreo de votantes, hostigamiento a funcionarios y militantes, entre otras prácticas ya naturalizadas en el sistema electoral mexicano, que muestran la desesperación del PRI por no perder sus bastiones usando incluso métodos criminales ante su falta de apoyo popular. Sin embargo, lo más descarado fueron las irregularidades en los sistemas de conteo de votos, que en diversos distritos presentaron cifras distintas a las sábanas electorales oficiales, favoreciendo al candidato del tricolor en desmedro de los partidos de oposición. Esta situación lleva a muchos analistas a decir que en Edomex y Coahuila hubo una elección de Estado; empero, es preciso señalar que los ahora quejosos son víctimas de las reglas del juego y los mecanismos que ellos mismos aceptan y aplican, en el caso del PAN con el fraude que orquestó en 2006 para ganar la presidencia y, en caso de MORENA, con las prácticas clientelares que también utiliza.

Crisis del PRI y del conjunto del sistema de partidos

Las pasadas elecciones se realizaron en 3 entidades en las que no había sucedido alternancia del partido en el gobierno, arrojando resultados contundentes en cuanto a la profundización del declive del PRI que en los últimos comicios ha venido perdiendo gran cantidad de votos y de gubernaturas, ahondándose ahora con la pérdida de diputaciones, alcaldías y la gubernatura en Nayarit, mientras que sus “triunfos” en las otras dos entidades resultaron victorias pírricas conseguidas con una pérdida considerable de votos en comparación con 2011, pues en Edomex redujo a la mitad su votación, (de 3 millones a 1.5 millones de votos), mientras en Coahuila bajó de 721 mil a 295 mil votos.

Particularmente en Edomex, bastión del PRI desde hace casi 90 años cuya importancia radica en ser el estado con mayor proporción de electores y una de las entidades de mayor dinamismo económico a nivel nacional, y donde este partido viene en un descenso estrepitoso pues en 2012 contaba con mayoría en 41 de los 45 distritos electorales de la entidad, para 2015 eso sucedía sólo en 33 distritos y ahora en 2017 quedó con mayoría únicamente en 18 distritos, perdiendo presencia en los municipios conurbados de la zona metropolitana con mayor densidad poblacional y electoral como Chalco, Coacalco, Cuautitlán, Ecatepec, Metepec, Naucalpan, Texcoco, Tlalnepantla, Tultepec, Tultitlán, Zinacantepec y Zumpango.

Sin embargo, los demás partidos no tienen nada que festejar pues, en Coahuila asistió el 42.7% del electorado, mientras en Edomex acudió a las urnas el 52.6% (con 1.5% de votos nulos), por lo que en términos reales, los resultados aproximados se reducirían a la mitad, es decir, que quien quiera que terminase ganando, conformaría un gobierno ilegítimo a los ojos de la ciudadanía, dejando ver la profunda crisis de representación en la que se encuentra el conjunto del sistema de partidos.

Realineamientos, divisiones y fisuras de cara hacia 2018

Los resultados electorales demuestran que el PRI sigue poseyendo un aparato electorero relativamente más fuerte que los demás partidos pero, sobre todo, se expresa su creciente debilidad que lo obligó a recurrir a toda la maquinaria del Estado (programas sociales, medios de comunicación, instituciones electorales y grupos de choque) para conservarse en el poder. Del lado de la oposición institucional, tanto el PAN como el PRD, que habían fungido como segunda y tercera fuerza a nivel nacional, se encuentran en una crisis igual o mayor que la del PRI, con serias divisiones internas y falta de credibilidad frente a la población, por lo que han decidido aliarse electoralmente para sobrevivir, y evitar ser aún más desplazados por otros partidos de oposición institucional, como MORENA.

En el caso de MORENA un sentimiento ambiguo recorre sus filas. Por un lado, su dirigencia obradorista se muestra calmada y hasta con cierto júbilo pues, a pesar de impugnar el “fraude electoral”, sabe que obtuvo una votación histórica en Edomex con la cual tendrá mayor margen de negociación con las demás fuerzas partidarias de cara a la elección de 2018; pero, por otro lado, gran parte de la base militante y simpatizante de MORENA recibió un crudo golpe por parte no sólo del PRI y las instituciones electorales que avalaron completamente el “triunfo” del Del Mazo sino, sobre todo, al verse defraudados por su propia dirección partidaria que los llamó a resguardarse de toda protesta contra el fraude (cuando, en contraste, hasta el PAN encabezó amplias movilizaciones en Coahuila).

Con ello, se muestra cada vez más honda la distancia entre las esperanzas de cambio depositadas por millones de personas en MORENA, y el liderazgo de su partido que se encuentra cada vez más cuestionado por sus seguidores debido a los escándalos de corrupción en su interior, por los dedazos para la elección de candidatos o funcionarios partidistas y por integrar a personajes provenientes grupos político-empresariales; esto último, debido a que los dirigentes de MORENA saben que, aunque ha obtenido triunfos localizados en diversas zonas urbanas del país, no le alcanzará el aparato partidista para posicionarse a escala nacional pues sus niveles de votación (12% en Coahuila y Nayarit) son insuficientes para obtener la presidencia, por lo que se ve obligado a tejer alianzas con el cascajo político que ha salido en desbandada ante las crisis internas que corroen a todos los partidos.

AMLO se ha venido acercando cada vez más al régimen con tal de mostrarse como una alternativa que no perjudicará los intereses de los grandes poderes económicos y políticos en el país, y busca aliarse con partidos que hasta hace poco calificaba como parte de la “mafia en el poder” con tal de llegar a la silla presidencial; sin embargo, toda esa estrategia le llevará a alejarse y a defraudar más claramente las aspiraciones de los sectores honestos de su base militante y del electorado que, si ha votado por MORENA no ha sido por un pleno convencimiento por su proyecto, sino por el descontento hacia los demás partidos y por la concientización de amplios sectores poblacionales ante el ascenso de la movilización popular contra las reformas del régimen; por ello, las contradicciones e inconsecuencias de la dirigencia obradorista podrían estallar pronto y llevar a un derrumbe mucho más estrepitoso que el que ha venido experimentando el PRD en los últimos años.

¿Hay alternativas por fuera de los partidos burgueses?

Los golpes contra el pueblo no han sido solo en el terreno electoral, una vez pasadas las elecciones vino el aumento de los precios del transporte público y, tras el periodo para inconformidades electorales con plazo a mediados de agosto, el régimen ya ha anunciado ataques más fuertes: la ley de seguridad interior, la ley de aguas y la ley de salud están a la espera de su aprobación mientras que las reformas energética, fiscal, educativa y laboral han avanzado furtivamente.

Ante ello, una serie de protestas contra el fraude podría haber avivado el coraje y la combatividad del pueblo para emprender una lucha sostenida contra las medidas antipopulares del Gobierno, acorralándolo y debilitándolo; sin embargo, al prevalecer la estrategia pacífica y legal de Obrador se generó desánimo entre sus seguidores y desmoralización en una parte del movimiento social, dando con ello un respiro al régimen para recomponerse y llegar fortalecido a la coyuntura de 2018. Por ello es urgente que las bases y simpatizantes de MORENA presionen y, de no obtener respuesta, rebasen a su dirigencia para emprender manifestaciones decididas para hacer respetar la voluntad popular frente a la imposición electoral y frente a las reformas estructurales del régimen. ¡Ante la imposición, la movilización y la organización!

Todo ello, sin ninguna ilusión pues sabemos que es imposible ganarle al régimen en su propio juego, en el que los resultados de esta elección estaban anunciados desde antes de la jornada electoral pues lo que define los triunfos electorales no es el voto de la ciudadanía sino los acuerdos entre cúpulas de poder, la capacidad de movilización clientelar de los aparatos partidistas, el acceso a recursos lícitos e ilícitos y, en última instancia, la correlación de fuerzas entre el régimen y el movimiento popular; por ello ¡Ninguna confianza en las instituciones y partidos del régimen, a impulsar la organización y movilización independiente!

Frente a este escenario, se torna ineludible para las organizaciones que se reivindican revolucionarias, implementar una estrategia sobre la base de tres ejes principales: 1) movilizarse junto con las bases y simpatizantes de MORENA en toda iniciativa de protesta contra la imposición electoral; 2) apoyar la candidatura indígena lanzada por el CNI-EZLN, levantando nuestras propias banderas e impulsando la idea de construir un referente político nacional para todos los sectores que están buscando alternativas por izquierda ante la actual crisis de los partidos; 3) dar cobijo y empuje a distintos sectores obreros, campesinos, magisteriales y populares para lanzar sus propias candidaturas independientes (a nivel local o en diputaciones) emanadas desde sus propios procesos de organización y resistencia para hacer escuchar sus demandas y sus luchas.

Finalmente, sería un gran paso adelante, aprovechar las oportunidades que se abren a la izquierda revolucionaria para aglutinar fuerzas en torno a dos ejes: 1) la coordinación práctica para intervenir con acciones concretas en el escenario actual de la lucha de clases, y 2) el levantamiento de candidaturas obreras unitarias a partir de la discusión de un programa socialista de cara a las elecciones de 2018, utilizando las instituciones y procesos parlamentarios como tribuna difundir las ideas socialistas y hacer una gran campaña de agitación en torno de la necesidad de ¡construir un partido revolucionario, de lucha de los explotados y oprimidos!

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