Xóchitl Katari

La etapa de los llamados gobiernos progresistas ha concluido resultado de su propio desprestigio por corrupción y la represión asestada contra sectores disidentes de su misma base social. Esta debilidad ha sido aprovechada por la derecha para retomar el poder que se vieron animadas con la victoria de Trump y con el apoyo del imperialismo para acelerar la aplicación de las últimas reformas neoliberales para que su crisis económica la pague el pueblo latinoamericano.

La ofensiva reaccionaria de Temer, en Brasil; Macri, en Argentina; EPN en México; Bachelette en Chile y el MUD en Venezuela, más allá de lo que pudieran pensar algunos izquierdistas o intelectuales fácilmente impresionables, es un acto desesperado de la derecha y del régimen capitalista que, por un lado, observa el ascenso revolucionario de los sectores afectados por sus reformas y, por otro, no logran salvar sus divisiones internas inter imperialistas o inter burguesas.

En tales circunstancias, la ofensiva de la derecha, ha provocado el aumento de la tensión entre las fuerzas políticas de la región, lo que se ha puesto de manifiesto en procesos de lucha, siendo los más avanzados las huelgas en Brasil y Argentina quienes contagiaron otras regiones que, inclusive, no habían participado como la Guyana Francesa en la que trabajadores y sectores populares encabezaron huelgas y bloqueos en diversas ciudades, o bien, las movilizaciones contra el autoritarismo en Honduras y Paraguay; las marchas multitudinarias en Chile contra las reformas de pensiones y las marchas regionales de mujeres contra el feminicidio.

¡Millones de trabajadores en huelga en Sudamérica!

Los trabajadores se están levantando con firmeza en contra de la ofensiva de los patrones que pretenden arrebatarles sus conquistas laborales mediante las reformas neoliberales.

La imposición de Michel Temer en Brasil revela la urgencia de los poderes capitalistas para aplicar, desde ya, la Reforma Laboral y de Pensiones que termina con la estabilidad laboral y aumenta hasta en 10 el número de años para pensionarse. Desde inicios de este año, los trabajadores, principalmente burócratas y maestros, lograron detener la Reforma de Pensiones en sus sectores gracias a la huelga y masivas movilizaciones en marzo. Resultó fundamental que dichos trabajadores no se conformarán con ello y no se dejarán dividir con respecto a la solidaridad con los trabajadores del sector privado con quienes prepararon la huelga nacional más grande desde hace 20 años en la historia de Brasil ¡El pasado 28 de abril, 40 millones de trabajadores brasileños de diversos sectores convocados por sus confederaciones pararon la producción nacional para repudiar la Reforma Laboral! Mostraron la fuerza que pueden tener los millones de trabajadores, organizados.

El reto, ahora, es hacia dónde dirigir esa fuerza y cómo lograr mantenerla. Para ello, es necesario que los trabajadores presionen a sus líderes burocráticos (que buscan la negociación con el gobierno para apaciguar a sus agremiados), para luchar por la completa anulación de la Reforma Laboral y de Pensiones y pase de estas demandas económicas a la lucha política cuyo centro es la caída del gobierno reaccionario de Temer y la realización de una Asamblea Constituyente convocada y operada por los sectores movilizados que voten un programa nacional para Brasil. La consigna de nuevas elecciones que enarbolan ciertos grupos de la izquierda independiente va a la cola del derrotado PT cuyo único fin es regresar a los privilegios de ser un gobierno burgués y que seguirá aplicando el programa neoliberal. La posible victoria de Lula, sería un riesgo para el impulso revolucionario que se está gestando en los trabajadores y sectores pobres brasileños a los cuales tratará de contener como ya lo está haciendo ahora, después de la gran huelga nacional.

Es necesario, regresar a las calles y tomar nuestros centros de trabajo y escuela, así como, la radicalización de estas movilizaciones con la toma de edificios públicos, bloqueo de carreteras estratégicas, etc. y avanzar en la organización de esa fuerza en comités de acción en cada escuela, favela, lugar de trabajo hasta echar abajo a Temer y sus reformas, ¡hasta lograr formar un gobierno de trabajadores y sectores populares!

La ingobernabilidad de Maduro

El único país donde la derecha va un paso adelante es Venezuela donde, ante la inconformidad de ciertos sectores de trabajadores contra la política autoritaria de Maduro combinada con la falta de referentes independientes de izquierda, la burguesía conservadora y ligada al imperialismo se ha posicionado al frente de las protestas contra el régimen chavista para derrocarlo y tomar el poder.

En la actual situación, el régimen Chavista de Venezuela refuerza su carácter Bonapartista basado mayoritariamente en las FF.AA. y en sectores populares corporativizados, seguido por la pequeña burguesía y una minoría burguesa bolivariana.

No obstante, desde el año pasado la derecha ha venido convocando movilizaciones en exigencia del reconocimiento de la Asamblea Nacional, la libertad de los presos políticos y la convocatoria de elecciones pospuestas, buscando con ello montarse en las movilizaciones masivas que están siendo alimentadas por la creciente crisis económica (que se distingue por altos niveles de inflación que alcanzan el 274%, el desabasto y la caída del 50% del poder adquisitivo) y política que atraviesa el régimen. Ello abre pie a la exacerbación de una situación reaccionaria debido, no sólo al empuje de la derecha, sino, sobre todo, a la ausencia de una iniciativa independiente por parte de los trabajadores y del pueblo, quienes se han movilizado ya sea arrastrados por las convocatorias de la derecha en su desesperada situación o, ya sea, en los marcos del andamiaje corporativo e ideológico del chavismo.

En primer lugar, nos oponemos a la intentona de la derecha y del imperialismo de imponer un gobierno reaccionario como Temer lo hizo en Brasil con lo cual pretenden imponer los últimos planes de ajuste bajo el miedo de la bota represiva. Rechazamos el intento de derrocamiento del gobierno de Maduro por la derecha, porque sabemos que es imprescindible combatir el riesgo mayor que representa el imperialismo en tierras latinoamericanas. Si bien, Maduro y todo el régimen Chavista debe ser barrido por actuar en contra de los intereses del pueblo venezolano, serán los propios trabajadores los que tengan que derrocarlo sin abrirle paso, sino combatiendo simultáneamente a la derecha burguesa.

En segundo lugar, rechazamos completamente la Asamblea Constituyente convocada por Maduro ya que tiene como único propósito mantenerlo en el poder, no está hecha para resolver las necesidades más urgentes de las masas. Además, la Asamblea de Maduro, tiene un carácter antidemocrático por su composición y absoluto control por parte del presidente. Por lo tanto, desde la ALS decimos, ¡Venezuela necesita una verdadera Constituyente libre y soberana convocada desde abajo!

La única forma de derrotar a la ola derechista es directo con la movilización combativa en las calles de las masas populares junto con la formación de milicias populares organizadas de manera independiente en asambleas y comités de barrios, escuelas y centros de trabajo. Se requiere una gran Convención popular y de trabajadores para que establezcan un programa nacional emergente que supere la actual crisis alimentaria que entre otras cosas plantee la expropiación y reactivación bajo control de los trabajadores de las fábricas de alimentos y medicinas, la expulsión de las trasnacionales en todas las áreas estratégicas, la producción y el control obrero y popular independiente de las redes oficiales de la distribución de los mismos, el control popular de los precios ¡Exigimos plenos derechos de movilización, organización y elecciones en los sindicatos!

¡Abajo los gobiernos reaccionarios de América Latina!

¡Por la solidaridad y coordinación entre los pueblos latinoamericanos!

¡Por un Partido Internacional de los Trabajadores!

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