Kech Cerati e Iliada Briendarella. 

 A pocas semanas de iniciada la gestión estadounidense de Donald Trump observamos un panorama bastante ambivalente: por un lado se han impulsado ataques completamente frontales hacia las minorías norteamericanas y los intereses de las clases populares, pero por el otro, la confrontación de su administración con muchas de las cúpulas del poder a nivel mundial y de su propio país es evidente.  

 Entre la larga lista de agravios de Donald Trump se encuentran medidas como: el que ahora la policía migratoria pueda deportar a migrantes indocumentados sin el uso de un juez  por meras faltas administrativas, anteriormente solo los delitos graves podrían provocar una situación similar, además ahora todas las corporaciones policiacas están actuando ilegalmente como cazadoras de migrantes; o el rechazo hacia los refugiados de 7 países musulmanes y de África del Norte (Siria, Iran, Irak, Somalia, Sudán, Yemen y Libia; bloqueada  jurídicamente por el poder judicial y repudiada públicamente) a los que se les intentó prohibir la entrada por 90 días. Tenemos también la situación de incertidumbre que ha provocado la decisión de suspender la contradictoria “amnistía” que Obama había aplicado a los países del “triángulo Norte” (Guatemala, El Salvador y Honduras) con la que se ofreció un especie de refugio para estos países en conflicto, sin embargo, las políticas migratorias que se ejercieron no permitían que las mujeres tuvieran contacto con sus hijos. Esto se modificó con las políticas de Trump, impidèndoles el refugio y regresando a las mujeres por ser ilegales, mientras los niños se quedaron sin naturalización norteamericana ni poder regresar con sus madres.  Cabe destacar que sus ataques no se limitan solo al campo migratorio; la catástrofe norteamericana se corona con los nuevos incrementos al gasto militar, el nombramiento de una analfabeta como la empresaria Betsy DeVos como secretaria de educación (que busca la privatización de la educación básica) y la reforma contra el “Obama Care”, entre otros.

 La blitzkrieg política que Trump intentó implementar al disparar una orden ejecutiva tras otra ha causado mucho daño, pero no han obtenido los resultados esperados. De esto hay muchos ejemplos: 1) El “Michael Flynn affair” y el coste que esto significó a la relación tan ambigua entre Rusia y los Estados Unidos 2) las movilizaciones históricas que ha provocado Trump desde el día 1 de su administración  no han sido pocas:  las movilizaciones del 20 de enero,  la marcha de mujeres, luego una auténtica revuelta en la Universidad de Berkley y finalmente  los “dreamers” (migrantes indocumentados) que han unido sus fuerzas sin importar el país de origen el pasado 16 de febrero en “Un día sin migrantes”. 3) El que Benjamin Netanyahu haya tenido que arrepentirse de su saludo al muro de Trump haciendo un símil con la situación entre Israel y Palestina al conocer la enérgica respuesta en contra de ello por parte de la comunidad judía en México 4) La renuncia de miembros de alto rango del Departamento de Estado de EUA para no pertenecer a la era de Trump; entre ellos destacan Patrick Kennedy segundo al mando en el servicio exterior y una larga lista de diplomáticos de carrera que han servido bajo administraciones de ambos partidos.

 Incluso para el partido republicano las intransigencias de Trump han sido costosas. Para empezar la supuesta ayuda de Rusia a Trump en contra de Hillary Clinton significó una traición por parte de la dirección del partido republicano hacia sus bases lo que podría llevar a una pérdida electoral en la siguiente contienda. Por otro lado su administración solo dio pauta para que los altos mandatarios de Wall Street ocuparan puestos antes reservados a personalidades del partido republicano, creando una guerra de intereses personales. Por último la salida de EUA del TPP y la destrucción del TLCAN han obligado a renegociar con potencias como Japón y Cànada por fuera de los límites que presentaban ambos tratados sin que se esclarezcan los puntos de ambas negociaciones. En este contexto nuestra “brillante” política exterior ha sido vergonzosa.

El fracaso del centrismo norteamericano y las tareas de la izquierda revolucionaria.

 Si bien podemos hablar de una traición de la dirección republicana hacia sus bases, algo similar podríamos definir para con el partido demócrata y las organizaciones obreras, de las minorías raciales y otros sectores progresistas. Se debe entender que aunque durante la contienda electoral algunos votantes buscaban opciones más allá de la política de seguridad social de Bernie Sanders jamás se concretó una vía de izquierda; incluso surgieron partidos con inclinaciones socialistas pero solo sirvieron para que el partido republicano los tomara como abstenciones y pudiera inclinar la balanza a su favor. Esto llevó a la desilusión de una clase obrera norteamericana con aspiraciones a clase media alta que se votar por el mal menor, representado por el partido republicano. Es por esto que  una tarea verdaderamente necesaria de las nuevas organizaciones de izquierda es terminar de facto con el ridículo y arcaico problema  que representa el colegio electoral y sus trabas para salir del bipartidismo de derechas.

 Si en los EUA el desencuentro entre las aspiraciones de las clases populares y las propuestas de la burguesía y los sectores centristas es muy fuerte, en México dicho desencuentro se maximiza, toda vez que acá es la derecha neoliberal la que ha tenido que enfrentarse a Trump. Luego de tocar fondo con el gasolinazo, la reputación de EPN tuvo cierto repunte (sobre todo a nivel internacional) al dar dejos de confrontación con Trump; no obstante, la patética pantomima de EPN en torno a la llamada “Unidad Nacional” quedó evidenciada con el fracaso de la marcha “vibra México” y es que aunque pueda parecer un lugar común criticar al priismo, se torna necesario hacerlo pues no falta quien por falta de memoria o claridad política piense que dadas las circunstancias es necesario unirse (aún sea momentáneamente) con el régimen (entre ellos la dirección Obradoristas). La “remembranza” de EPN de la fraseología de los años 40’s no es sino una parodia ya que muchísimas de las conquistas de aquella época (arrancadas a fuego y sangre por el campesinado pobre y el proletariado durante la Revolución Mexicana a los capitalistas) y la industrialización por “sustitución de importaciones” fueron producto, entre muchas otras cosas, de una independencia económica y política relativa que México ya no goza. Así, no debemos olvidar que estos 2 elementos han sido atacados sistemáticamente durante más de 30 años de neoliberalismo por aquellos que hoy, hipócritamente, se quieren adueñar de este discurso para salvar su pellejo. Por el contrario, si algún mote de aquellos años merecen los prianistas del régimen es el de “colaboracionistas”, para muestra un botón: si se llegara al extremo de que EUA interviniera militarmente en México lo haría con tanques y aviones alimentados con el petróleo que la reforma energética entregó al enemigo.  

 Así, ante este ambiente de divisionismo mundial entre las burguesías y la virtual declaración de muerte del modelo globalizador las corrientes revolucionarias debemos abogar por construir y fortalecer el internacionalismo entre el proletariado del campo y la ciudad. Si algo le debe aprender EUA a México es que siendo sociedades igualmente heterogéneas en nuestro país se han empezado a dar pasos importantes en la formación de un bloque en común en contra del enemigo de todos: el capitalismo y su régimen político; la lucha por Ayotzinapa es el más claro ejemplo. Debemos entender que como tal el gobierno de Trump se encuentra aislado y se está apoyando en los sectores más reaccionarios de la sociedad (p. ej., los supremacistas blancos) por otro lado está teniendo muchas trabas pero es fuerte en términos relativos dada la actual desorganización y dispersión de las clases populares en EUA. Los ataques de grupos fascistas hacia las minorías son ya una realidad que seguirá en aumento por lo que en cada barrio y ciudad norteamericana será necesario desarrollar una política de autodefensa que responda a la situación particular sin nunca abandonar su alianza estratégica con el numeroso proletariado mundial que los apoya. Frente a la farsa del ultranacionalismo es necesario que las acciones coordinadas de protesta a ambos lados de la frontera se tornen una realidad, bajo la consigna de fuera Peña Nieto y fuera Donald Trump.

 Llamamos a defender las garantías y derechos ganados durante años de lucha con métodos revolucionarios de las minorías, a formar redes de apoyo y acción con los migrantes en México (combatir la persecución de nuestros hermanos Centroamericanos) y los EUA, el primer paso, pero no el único, es crear vínculos informativos con toda las personas posibles en la frontera y los EUA para denunciar constantemente las agresiones de Trump y su séquito extraoficial de matones.

 Hoy más que nunca, con una creciente radicalización de las protestas en nuestra región, es deber de los revolucionarios conducir codo a codo con las masas un programa que evite la barbarie de otra guerra mundial como método de supervivencia del capitalismo, el costo de no hacerlo será seguir dándole un cheque en blanco a los oligarcas de siempre para aprovecharse del descontento popular.

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