Kech Cerati y Erick Huehuetzin.

Los escándalos de corrupción en el estado de Veracruz y otros similares cometidos por gobernadores de todos los partidos durante la administración de Enrique Peña Nieto son la última expresión de la decadencia del régimen político en México, pero, a pesar de la importancia que conllevan, son solo la punta del iceberg, hace falta aún analizar las determinantes de la crisis institucional del capitalismo mexicano y, más aún, la salida que desde las clases populares debemos ir construyendo. En esencia la actual crisis que cruza el país puede ser resumida en 2 puntos principales, el económico y el político; en ellos se entremezclan una serie de particularidades regionales y sectoriales que trataremos de abordar lo más completamente posible.

De lo económico: las reformas estructurales como catalizador del endeudamiento estatal

La incertidumbre financiera generada por el triunfo de Donald Trump, la volatilidad del peso, el aumento en el endeudamiento público y los consecuentes recortes gubernamentales para el próximo año no son más que el resultado de un modelo económico (el capitalista neoliberal) que, por un lado, ha inclinado a la economía mexicana a depender casi exclusivamente de sus exportaciones a los EUA y que, por otro lado, ha insistido en privatizar la principal fuente de ingresos del Estado, es decir: PEMEX.

Al observar el funcionamiento de las reformas estructurales nos daremos cuenta que la energética es la principal; poseía como intención original entregar las reservas petroleras al agónico capitalismo internacional y nacional que no logra ni quiere salir por vías productivas de la crisis de 2008 por lo que prefieren el constante saqueo. No obstante una serie de circunstancias, tanto técnicas como económicas, han entorpecido la implementación de la reforma. En primera la amenaza de guerra en medio oriente produjo una sobreproducción de crudo que nunca fue efectivamente requerida, por lo que los precios del petróleo descendieron, situación que a su vez provocó que los capitales nacionales e internacionales dejaran a medias las compras empezadas con la ronda 1 de la reforma.

El vínculo entre la reforma energética y la hacendaria se hace obvio aquí. Al verse reducidos los ingresos del Estado la solución para su sostenimiento ha pasado tanto por el recorte presupuestal (37% en gasto social, 70,000 despedidos en PEMEX y otros tantos en el IEMS, la UAM y la UNAM, o la reducción de apoyos a la inversión en el sector agrario) como por el aumento de los impuestos y el encarecimiento de los servicios públicos. Las afectaciones las tienen los trabajadores y clases populares a tal magnitud que ni en el sector privado se salvan de los despidos, como los ya acontecidos en LALA y Bridgstone, lo cual no ha impedido que ante tal situación de carestía se siga favoreciendo con concesiones, subsidios, condonaciones, exenciones, permitiendo evasiones, etc., a empresas afines al régimen (mucho de ellas poco productivas o estratégicas) como Televisa.

Buena parte del actual estado de la deuda, que asciende a 50% del PIB, y la bancarrota de varios estados se debe al saqueo constante de gobiernos como el de Duarte, Padrés, Graco.  Por otro lado, el aumento de sueldos a altos funcionarios de hasta 4.08 millones de pesos al año para 2017 en el poder judicial, y otros similares en el poder ejecutivo, así como  el año electoral en el Edo. de Méx. y la elección federal 2018 (donde el gasto continuará inclinándose “extraoficialmente” a la compra de votos y a las campañas electorales) agudizará aún más el nivel de endeudamiento, deslegitimizando así al propio sistema partidista; un círculo vicioso que saldrá cada vez más caro.

La principal misión de Peña para con la burguesía era la implementación de las reformas y en resumen estas han fracasado básicamente por 3 razones: a) las condiciones económicas internacionales de estancamiento económico, b) el repudio social a su ilegítimo régimen y a sus reformas y, c) una pésima política económica y administración que actúan como caja de resonancia de las políticas de los organismos internacionales de manera acrítica. Bajo este orden de cosas EPN se reduce ahora a una mera figura de administración para la crisis y el descontento, que tratará de seguir avanzando pero a un ritmo menor, pues principalmente espera la sucesión y que por el contrario solo espera la sucesión como medio de escape. En realidad, la única razón que evita su caída es la falta de fuerza del movimiento social para derribarlo.

De lo político: la corrupción, la sepulturera de la confianza en los partidos

En este contexto, las propuestas de reformas político-electorales ya están siendo interés de discusión en las cámaras para el próximo año, y es que el sistema está preocupado porque no tiene candidato que se enfrente a MORENA y las candidaturas independientes, no porque estas sean una alternativa, sino porque ninguno de los partidos del régimen tiene ya solidez suficiente para ganar por sí sólo un cargo estatal o federal: el PRI tiene una decadencia muy fuerte, el PRD presenta una putrefacción agonizante completamente similar a la del PAN; a pesar de que los partidos hagan coaliciones para ganar, ni ésto ni las enmiendas al proceso terminarán con la crisis del régimen, la ingobernabilidad y crisis económica que continuarán en aumento, incluso tampoco tendrán la capacidad de frenar la movilización popular con una represión generalizada. Expresiones como la manifestación contra la toma de protesta de EPN el 1o de Diciembre es posible que se repitan (incluso más fuertes), y movilizaciones post-electorales como las de 2006; no obstante, esta última sería ya sin AMLO pues Obrador ya ha dejado clara su intención de no continuar su carrera política si pierde en 2018.

La violencia también es uno de los puntos importantes en la orden del día, feminicidios, desapariciones, fosas clandestinas, “vengadores anónimos”, etc. que reafirman la ineptitud, corrupción y complicidad de la clase política y sus instituciones, pues aún con la rotación de personal (cambio de secretarios en el gabinete) no ha podido resolver los problemas. La aparición de los “vengadores anónimos” es sin duda una expresión de la misma gente a defenderse, no obstante, es muy peligrosa esta vía tipo pistoleros en el sentido de abrirle cauce al paramilitarismo, contrariamente, la defensa, seguridad y justicia debe estar a cargo de la colectividad popular y proletaria organizada como en los ejemplos de Policía Comunitaria, autodefensas y gobiernos autónomos, no desde la arbitrariedad de individuos armados.

Unidad y preparación de la izquierda revolucionaria, necesidad impostergable

El movimiento social tiene sus contradicciones y en general se presenta una especie de “estancamiento del frente”: la marcha por el 2do aniversario de Ayotzinapa fue masiva, sin embargo, no logró rearticular un referente de lucha organizado; el magisterio está en un momento de reorganización pero la traición de sus dirigencias burocráticas -pues se mantienen conformes con que hasta 2018 se reactive el avance de las reformas en vez de continuar el desarrollo de la lucha-; el normalismo se ha mantenido movilizado pues, a pesar de que fueron de los principales aliados del magisterio, sus demandas no fueron retomadas por las mesas de negociación en Gobernación. El estudiantado, principalmente en el área metropolitana, similar a otros sectores, tiene una actitud más agitativa por el momento debido al reflujo en que lo mantienen ya sea organizaciones  ultra-izquierdistas que caen en acciones vanguardistas sin recoger las necesidades de su comunidad o, por el contrario, referentes reformistas que se restringen a plataformas excesivamente particulares y desarticuladas; en ambos casos, prevaleciendo métodos cupulares y/o seguidistas.

Ante este escenario la izquierda revolucionaria debe evitar caer en dos vicios permanentes: uno es el derrotismo “por default”, aquel que solo se centra en la parte subjetiva del problema (la falta de una organización y las responsabilidades reales de los movimiento en ello) y no en la cuestión objetiva, es decir, el completo agotamiento de las opciones políticas legítimas; y por otro lado, el fortalecimiento involuntario que se le da a la “alternancia democrática” (basada precisamente en la indecisión de la izquierda) que representa el PAN-PRD. Es necesario que la izquierda abandone sus luchas intestinas y discuta nuevamente la clase de movimiento que la nación necesita; la posibilidad de una candidatura por parte del EZLN posibilita, incluso, el que este debate alcance a las bases mismas de MORENA.

Hay que prever que la profundidad y tamaño de esta crisis múltiple puede llevarnos a escenarios de convulsiones sociales como en Grecia y Brasil. Bajo este contexto la crisis provocará  inevitablemente el cierre de centros de trabajos, por ende, debemos impulsar la  toma de dichos centros por parte de los trabajadores para conquistar una autonomía y con ello decidir nuestro destino. Dichos escenarios sólo se surcarán si nosotros, explotados y oprimidos, vamos tomando un papel activo, organizándonos y discutiendo un programa y plan de lucha comunes por derrocar al Estado capitalista y expropiar a la burguesía los medios de producción. Mientras nosotros los de abajo no derroquemos a los de arriba no habrá garantía para que estas políticas lacerantes del Estado desaparezcan.

¡Abajo EPN y sus reformas!, !Fuera los partidos del régimen!

¡Por un Frente Nacional de Lucha!

¡Por un gobierno obrero, campesino y popular!

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