Xóchitl Katari

En casi todo América Latina el asesinato y abuso sexual de mujeres se ha convertido en uno de los principales males que lacera la región. A pesar de que Argentina ha ocupado los titulares de periódicos por los feminicidios ocurridos en las últimas semanas, en un país donde cada 30 horas es asesinada una mujer, esta cifra está muy por debajo de otros países donde los medios masivos y las feministas habían guardado silencio. Según la ONU, Centroamérica ocupa los primeros lugares a nivel mundial en feminicidios (tan solo en El Salvador hay una razón de 14 asesinatos de cada 100 mil mujeres), seguido por México, donde son asesinadas 7 mujeres al día, es decir, aproximadamente cada tres horas y media una mujer muere por algún tipo de tortura, violación o mutilación. Edomex es el lugar más peligroso para las mujeres en este país, tan solo de 2005-2013 se registraron 1, 767 asesinadas y otras 1 500 desaparecidas (Observatorio Ciudadano de Feminicidio).

El feminicidio es el asesinato brutal de mujeres, en su mayoría trabajadoras pobres de las maquilas y de los sectores populares (aunque cada vez más está alcanzando a las de clases medias), bajo la impunidad y corrupción de un Estado que protege a los asesinos y criminaliza a las mujeres. Explicar las causas de este problema (que se ha convertido en pandemia) como “crímenes pasionales”, según declaraciones cínicas de funcionarios públicos, resulta un insulto; y decir que solo se deben a “crímenes de odio de los hombres hacia las mujeres”, resulta una visión superficial y meramente subjetivista por parte de ciertas feministas.

Si el machismo y la violencia contra la mujer se han exacerbado en nuestra época es porque les condiciona la violencia social provocada por el narcotráfico, la crisis económica y una situación de ingobernabilidad. El Estado, en vez de garantizar seguridad y justicia para el pueblo, solapa la actividad criminal, sin castigar delito alguno, colocando las perfectas condiciones para que cualquier hombre -sintiéndose con total impunidad- agreda, torture, viole, asesine a las mujeres para luego arrojarlas a cualquier terreno baldío como si fueran “desechables, prescindibles” y nunca ser castigados por ello; por lo cual, desde la Agrupación de Lucha Socialista decimos que el feminicidio es un problema estructural cuya causa es el Estado capitalista en descomposición y cuyos responsables en este país son EPN y los partidos del Pacto.

Desde la movilización del 24 abril contra la violencia hacia las mujeres, a la que acudieron diversos referentes, organizaciones y sectores, se expresó la necesidad de miles de mujeres de realizar acciones que terminen con este mal. Sin embargo, las organizadoras del #24A dejaron en la espontaneidad efímera las expectativas de quienes vivimos día a día el acoso. Luego, ante la falta de una dirección clara y comprometida con los sectores populares y de trabajadoras, las convocantes de este movimiento -entre ellas Pan y Rosas– actúan de manera seguidista hacia las feministas ultraizquierdistas que pretendieron trasplantar la convocatoria de sus congéneres argentinas con el llamado al “Paro Feminista” del 19 de octubre, el cual resultó con menor eco ya que no se basó en la consulta democrática del movimiento social, ni considera los contextos en los que las mujeres pobres necesitan recobrar esa seguridad, con lo cual, terminan desmoralizando al movimiento en su conjunto al no cumplir las expectativas de la poca gente que asistió.

Lo dicho, no significa que dejemos de solidarizarnos con las movilizaciones contra los feminicidios en Argentina, al contrario, celebramos y apoyamos grandemente las movilizaciones coordinadas que se efectuaron en Latinoamérica y otros países; lo que cuestionamos es la política sectaria de las direcciones feministas pequeñoburguesas que, incluso, llegan a dividir al movimiento y restar fuerza al pretender excluir -mediante políticas separatistas- a compañeros conscientes y solidarios con la lucha contra la violencia hacia las mujeres, dejándolo como un problema sólo de género y no de clase.

Como Agrupación de Lucha Socialista, nos solidarizamos con las luchas contra la violencia machista en toda América Latina y llamamos a la más amplia unidad del movimiento incluyendo a las madres de víctimas de feminicidio y desaparición junto a las mujeres trabajadoras, estudiantes, campesinas, indígenas, migrantes, transexuales y de la diversidad sexual. Además, es necesario organizar toda esa fuerza e indignación de manera permanente para avanzar estratégicamente en el combate a la violencia contra las mujeres. El método efectivo nos lo enseñan nuestros pueblos indígenas en varias regiones del país. Juntos organicemos brigadas femeninas para prevenir, denunciar y combatir la violencia hacia la mujer, las cuales formen parte de organismos políticos más amplios en cada barrio, centro laboral y escolar, en los que se establezcan modelos de seguridad e impartición de justicia populares retomando la experiencia de las Policías Comunitarias.

     ¡Porque vivas nos queremos, ni una asesinada más!

  ¡Conformemos grupos de autodefensa de las propias mujeres contra la violencia machista, que denuncien y persigan a los acosadores, golpeadores y violadores!

    ¡Por comités de apoyo de las madres de víctimas de feminicidio!

    ¡Desmantelamiento de las Redes de Trata y castigo a los culpables!

Anuncios