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Los últimos meses han sido de gran agitación política en México siendo la situación magisterial el punto más crítico de la crisis institucional. Esta situación corresponde tanto a problemas añejos en el sistema capitalista internacional como a una serie de reformas estructurales ejercidas particularmente por la administración de Peña Nieto y, según nuestro análisis, la tendencia a un empeoramiento relativo de esta continua crisis nos obliga a tomar acciones concretas al respecto.

Por principio de cuentas se debe considerar cierto balance en la lucha magisterial siendo ésta articuladora (voluntaria o involuntariamente) de la resistencia al régimen de Peña Nieto. Desde los trágicos eventos ocurridos en Nochixtlán y los enfrentamientos en otros puntos de Oaxaca y los estados del sureste el gobierno perdió bastante terreno político; no obstante es necesario entender en su justa dimensión los logros y las limitaciones actuales del movimiento. La fortaleza principal del Magisterio ha sido, precisamente, la indignación desatada por los hechos de Nochixtlán y la tradición organizativa de los estados del sureste, pero esta situación evidencia la carencia real de una perspectiva nacional de lucha en contra de todas las reformas estructurales.

Esta carencia en el magisterio (y en mucho del movimiento social en general) es consecuencia de al menos 3 razones, a saber: el gremialismo, la falta de democracia en las decisiones sindicales y la tendencia a la negociación “por separado”. Aunque en su carácter de lucha gremial la CNTE ha alcanzado victorias locales como liberación de presos, restitución de notificados, la suspensión/modificación de la Reforma y que las evaluaciones quedarán sin carácter punitivo; sigue siendo necesario la construcción de organizaciones similares para el resto de los sectores explotados por el capitalismo. Estas organizaciones, no obstante, deben tener siempre una estrategia que incluya una visión global de las razones de su explotación; esta situación no es tarea fácil y apenas ha iniciado en la CNTE y en la sociedad mexicana en general. En cuanto a la falta de democracia y la negociación “por separado” de las cúpulas sindicales sus efectos negativos siempre han sido evidentes y, en la última coyuntura, las voces que se levantaron a fin de erradicar este fenómeno (sobre todo en las secciones provenientes de regiones sin una fuerte tradición de lucha) no poseyeron las dotes organizativas para erradicar este mal.

Al considerar el panorama político, observamos que el gobierno fue doblegado, quedó aislado y con un fuerte cuestionamiento de amplios sectores sociales (incluso es notorio una fuerte pugna al interior del PRI y del resto del bloque de los poderosos en el país), pero no ha sido derrotado del todo, inclusive se viene subterráneamente otro paquete de reformas en cuanto a cuestiones como la salud, las pensiones, los recortes gubernamentales, etc. Ante el descrédito generalizado el Estado optará por una combinación de estrategias de “negociación” (compra de dirigencias) y no confrontación, represión muy selectiva y en momentos específicos, y “cambios” políticos en las dirigencias del gobierno. Un ejemplo claro de la “alternancia” que la burguesía pretende imponer se manifiesta en los intentos por fortalecer procesos reaccionarios que desvíen la atención del pueblo de las cuestiones más fundamentales de la crisis hacia cuestiones puramente “morales”: desde posturas que pretenden poner toda la responsabilidad de la crisis en la mera corrupción (y no en el sistema que la impone) hasta chapucerías sobre el matrimonio igualitario que en nada perjudican a la “familia mexicana” (como sí lo hacen la carestía y la inseguridad.

El actual régimen buscará las alianzas necesarias para mantenerse en el poder o garantizar una sucesión que no toque la implementación de las Reformas, a lo cual una posible coalición PAN-PRD significaría una alternancia pactada respecto al PRI. Se debe considerar que AMLO es una fuerte amenaza para los grupos de poder locales y que estos harán todo lo posible por evitar su ascenso; su triunfo solo puede provenir de una incremento sustancial del movimiento social, aún así, si existiera la amenaza inminente de que su candidatura ganará la burguesía tratará de avalar su triunfo a cambio de una moderación efectiva de su ya limitado programa. En última instancia a la burguesía internacional (y principalmente a las administraciones norteamericanas) lo que les interesaba era la aprobación de las reformas y, cada vez más, se empieza a notar la intención de AMLO de no echar atrás dichas reformas.

En este contexto, nuestras organizaciones han buscado sentar las bases para la solución de estos problemas. En junio de 2015, mientras se vivía un fuerte reflujo y una situación de constante represión al movimiento social luego de los acontecimientos de Ayotzinapa, el Colectivo 9 de Mayo impulsó un frente que posteriormente se conociera como “Coordinadora de Acción Metropolitana” que fue constituida por la Agrupación de Lucha Socialista (ALS), la Célula Estudiantil Revolucionaria (CER), el Colectivo Acción y Resistencia (CAR) y el Partido Obrero Socialista (POS). Con muchos altibajos nuestro modesto esfuerzo terminó concluyendo que la sobrevivencia del movimiento social no podía limitarse a la contestación continua de la represión gubernamental, sino que era necesario empezar a actuar en un plan en contra del grueso de las reformas estructurales. Con el inicio de la coyuntura electoral de 2016 y su conjunción con el endurecimiento de la lucha magisterial, el agotamiento y la falta de madurez política se hicieron patentes, pero también lo hicieron los avances; al final hemos sido la ALS y el C9M quienes hemos decidido que las circunstancias ya están maduras para que nuestras organizaciones se vuelvan una sola dado el nivel de acuerdo que hemos alcanzado y las exigencias que la realidad concreta nos ha impuesto.

Además, por todo lo descrito con antelación, llamamos a las organizaciones que ya nos han conocido en el concluido proceso de la CAM y a las organizaciones que ahora guardan trabajo con nosotros a que se plantee como una discusión de máxima prioridad el panorama hacia el 2018; teniendo como metas mínimas: a) la correcta valoración de la situación y la difusión de estas ideas y, b) la estructuración de una organización capaz de hacer frente y dar solución a las problemáticas descritas. Consideramos, pues, que es imprescindible un análisis desde muchos puntos de vista (aun sean estos contrarios) para determinar cuáles son las primaras metas que debemos seguir para la rearticulación del movimiento (necesidades teóricas, grupos de trabajo, profesionales militantes) y qué perspectiva a largo plazo será la que nos guíe. El camino es largo, y la crisis de la deuda producida por la administración de Peña está apenas por manifestarse, pero el terreno es fértil para la siembra de nuestra victoria camaradas ¡Adelante!

¡Articulemos las luchas para derribar al régimen!

¡Por una organización de los explotados y oprimidos, clasista, revolucionaria e independiente!

 

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