Tracio Sánchez

Como lo advertimos en el número anterior de Lucha Socialista, un resurgimiento del movimiento obrero se está desarrollando a lo largo y ancho del país como continuación de la lucha abierta hace 3 años al gobierno del pacto (PRI-PAN-PRD).

Este es un espacio pequeño para hacer un resumen de estos años donde obreros de la maquila, cerveceros, jornaleros, maestros, mineros y burócratas resisten los embates de la patronal y el gobierno. Despidos, bajos salarios, sin seguridad social y acoso sexual es lo que tiene que soportar el trabajador mexicano en jornadas que van de 9 a 14 horas diarias.

Mientras la mayoría de empresas (del estado o privadas) no tienen pérdidas en sus ingresos, se niegan a elevar la calidad de vida de la clase obrera bajo el pretexto de que se acercan tiempos peores, además dividen a los trabajadores despidiendo a aquellos que se atreven a disentir

Para el patrón es más fácil despedir gente que asumir las pérdidas por aumento en los gastos de producción; a él no le importa mandar a la calle a miles de asalariados, el patrón solo piensa en cómo seguir aumentando su capital y su siguiente paso es reducir o quitar los pocos beneficios que le quedan al trabajador: aguinaldo, vacaciones, reparto de utilidades, pensiones, entre otros.

Sin embargo, algunos sectores del proletariado comienzan a darse cuenta de su situación y a manifestar su inconformidad. Al no tener respuesta a sus reclamos, se empieza a organizar la lucha; los sectores más avanzados han creado núcleos organizativos que desembocaron en sindicatos independientes (Honda, Lexmark, etc). Otros, más osados, expulsan a los charros y recuperan sus sindicatos como organismos de clase (los trabajadores de la Modelo en Zacatecas, los de limpia en Cuernavaca y despedidos de Mexicana).

Los patrones desesperados, llaman al gobierno a meter orden y Peña Nieto y sus gobernadores del pacto PRI-PAN-PRD mandan a sus fuerzas represivas para golpear, detener y encarcelar a trabajadores (cementera Fortaleza y Dina en Cd. Sahagún y jornaleros en San Quintín). Sin embargo el gobierno federal y los estatales tienen sus propios conflictos con sus empleados. Trabajadores de la salud contra Gabino Cué, de limpieza contra el alcalde de Cuernavaca, jubilados del estado contra Arturo Núñez y burócratas de las delegaciones del DF son solo algunos ejemplos.

Pero sin duda el eje de la movilización, la vanguardia de la resistencia a los planes de explotación y despojo que el régimen del pacto nos trata de imponer, es el magisterio democrático. Desde que Peña propuso su reforma laboral disfrazada de educativa hace 3 años, los maestros de la CNTE no han parado de movilizarse: saboteando e impidiendo las evaluaciones, bloqueando autopistas y carreteras, aeropuertos y puentes internacionales como forma de sabotear la economía, tomando palacios municipales y edificios federales e impidiendo la gobernabilidad; son las tácticas con que cuentan los docentes para enfrentar al gobierno. El PRI-PAN-PRD quisieran reprimir, aunque el fantasma de Ayotzimapa se los impide, decidiendo apostarle al desgaste del movimiento, sin embargo, el resultado les ha sido contraproducente.

No solo no se ha desgastado el movimiento, sino que a las bases magisteriales de Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Michoacán, se han incorporado durante este periodo nuevos contingentes que tenía rato que no se movilizaban (Zacatecas, Morelos, Querétaro, etc.). También han salido a luchar sectores que tradicionalmente son la base del charrismo sindical, situados principalmente en las fronteras del país (las penínsulas de Yucatán y Baja California, y otras entidades). Pero quizás el hecho más importante de este proceso es que estimula y da confianza a trabajadores de otros sectores (tanto públicos como privados) para salir a luchar.

Por eso, para la Agrupación de Lucha Socialista es importante que el proletariado mexicano se unfique en un Frente Nacional de Lucha; para ello, los maestros de la CNTE, como vanguardia en este proceso, deberán convocar a un Congreso de bases de todo el magisterio nacional. Este congreso deberá votar la convocatoria a dicho frente sobre la base de la defensa del empleo y la soberanía nacional, contra la carestía y por un sindicalismo democrático y combativo.

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