Vivimos momentos cada vez más convulsos en México. Desde poco antes de que Peña Nieto llegara a la Presidencia, inició un proceso de ascenso y aceleración de la lucha de clases en el país que se expresó primeramente con el despertar juvenil del movimiento #Yo Soy 132 en contra del retorno del PRI; posteriormente, la aprobación de las Reformas Estructurales (educativa, laboral, energética, fiscal, de salud, etc.) a través del Pacto por México, ha venido avivando la lucha popular de la mano del magisterio, los trabajadores de la salud, obreros despedidos y pueblos organizados contra el despojo en el campo y la ciudad; los sucesos de Iguala, en septiembre de 2014, donde fueron desaparecidos 43 normalistas de Ayotzinapa, provocaron la caída del gobernador de Guerrero así como movilizaciones multitudinarias que causaron un enorme quiebre en el régimen del Pacto y frenaron momentáneamente el ritmo con el que el gobierno venía avanzando en sus ataques a las conquistas del pueblo mexicano, redundando en el alto nivel de abstencionismo y anulismo así como en los intentos de boicot impulsados en las elecciones intermedias de 2015 con las cuales, empero, el  régimen logró estabilizar la crisis abierta por Ayotzinapa, pero no por mucho tiempo.

Desde finales de 2015, y sobre todo en este año, se abrió un nuevo período de ascenso de la lucha magisterial que se extendió con movilizaciones masivas en distintas entidades y vinculó la solidaridad de diversos sectores (padres de familia, sindicatos, estudiantes, etc.). Hoy vivimos una crítica coyuntura abierta con la represión hacia el pueblo de Nochixtlán y la conversión del conflicto magisterial en un conflicto de carácter político a nivel nacional e internacional, rasgo que ha sido característico de los últimos episodios represivos por parte del Estado pues su legitimidad y capacidad de gobierno se han venido viendo minados progresivamente, y cada intento por recuperar el control de la situación por la fuerza, le ha traído cada vez más costos políticos, poniendo al régimen en una situación de mayor debilidad y dificultad para enfrentar la creciente movilización popular, la que ha tratado infructuosamente de detener con distintas disposiciones legales que criminalizan la protesta social.

Lo anterior, ha provocado división al interior del  régimen en torno a cómo afrontar el conflicto magisterial en lo particular, así como la movilización social a nivel nacional en su conjunto; por un lado, Nuño que, siguiendo inflexiblemente la línea mandatada por la burguesía empresarial (representada nacionalmente por Mexicanos Primero e, internacionalmente, por la OCDE) se rehúsa a toda negociación con la CNTE y, del otro lado, Chong que ha reconocido la crítica situación en que se encuentra el régimen (con una insurgencia magisterial-popular que se extiende por todo el país y se radicaliza), y se ha visto obligado a sentarse a dialogar (aún sin ceder a establecer una negociación resolutiva que satisfaga las demandas centrales del magisterio: la cancelación definitiva de la Reforma Educativa).

La indignación por la fuerte represión así como la heroica resistencia del magisterio y pueblo oaxaqueños ha provocado no solo que se extienda la solidaridad a nivel nacional e internacional, sino asimismo, que otras secciones de docentes y diversos sectores sociales se animaran a salir a luchar de forma masiva, incluso con métodos de lucha radical: bloqueos carreteros, tomas de congresos y otros edificios gubernamentales, el paro magisterial que se ha sostenido durante mes y medio, el paro de labores de los trabajadores de la salud en 82 ciudades y los paros estudiantiles y sindicales en universidades, que se han sumado a las barricadas y enfrentamientos de las comunidades oaxaqueñas que lograron más de una vez replegar las fuerzas represivas del Estado y mantienen el control sobre sus poblados.

Todo este proceso tuvo uno de sus mayores ápices con la jornada de movilización del 26 de junio, pues los cientos de miles movilizados representaron un enorme triunfo para el movimiento magisterial y popular, demostrando que el magisterio no está aislado, que tiene de su lado a grandes sectores de la población y, además, mostraron que tanto las bases de MORENA como la mayoría de sectores movilizados están buscando la unidad por salir a luchar a las calles de manera conjunta para enfrentar la represión del gobierno así como para echar abajo las contrarreformas del régimen. Sin embargo, los métodos y prácticas que implementó la dirigencia obradorista de MORENA causó confusión y división entre las filas de los manifestantes, al condicionar su apoyo hacia el magisterio con una convocatoria separada, pretendiendo con ello convertir la acción de solidaridad en un acto proselitista de cara a los comicios de 2018;  ello solo deja relucir el caudillismo característico de AMLO al plantear “te apoyo si te sumas a la movilización que yo convoco”, o la frase que repetidamente ha dicho a los docentes  “voten por mi y cancelaré la Reforma Educativa” con lo cual crea falsas expectativas acerca de que es posible echar abajo las reformas estructurales solamente en las urnas, mientra que los sucesos tanto de Ayotzinapa como de Nochixtlán han demostrado que solo con la fuerte resistencia del pueblo en las calles, ha sido posible doblar al gobierno.

El régimen está débil, y sería relativamente fácil echar abajo sus reformas y al mismo gobierno en estos momentos en que las movilizaciones están generalizándose y radicalizándose en el país; pero esto se vuelve imposible si confiamos en que los grandes problemas del país podrán ser resueltos por vía electoral o si la dirigencia magisterial pretende subordinar la lucha a “negociaciones” que desmovilizan, desgastan al movimiento y permite al régimen tomar un respiro y recomponerse para lograr estabilizar la situación del país.

Debe de haber unidad de todos los sectores opuestos a las reformas estructurales y al régimen; pero esta unidad se tiene que construir en espacios democráticos que decidan conjuntamente, sin sectarismos ni oportunismos, un programa y plan de lucha unitarios para pelear contra el Estado. La lucha es de todos y la situación del país impone urgentemente la conformación de un Frente Nacional de Lucha. Los padres de familia, la CNTE y otros sectores y organizaciones políticas estaremos dispuestos a luchar codo a codo, hombro con hombro, con las bases de MORENA y otros sectores, solo en la medida que luchen y criticando a sus direcciones cada que se detengan o intenten detener al proceso de movilización del pueblo.

Desde la ALS somos conscientes de que la clase obrera mexicana y grandes sectores populares han sufrido décadas de control por el corporativismo burocrático del Estado y la ausencia de un partido de masas obrero independiente. Es por esto que hacemos un llamado a todas las organizaciones de la clase obrera y los oprimidos para romper con todas las fuerzas alineadas con el régimen político y crear un partido independiente de los trabajadores del campo y la ciudad, lo cual representaría un paso adelante en la situación actual. Los marxistas sostenemos enérgicamente que la formación de un partido revolucionario en México, como parte del partido mundial de la revolución socialista, es crucial para la derrota del sistema capitalista a nivel internacional; por ello, estamos concentrando nuestros mayores esfuerzos, junto con nuestros camaradas de la CCRI, en dicha tarea histórica. Llamamos a todas las organizaciones revolucionarias a generar espacios para la discusión y la acción conjunta, con el fin de articular nuestras luchas en México y en otras regiones del mundo.

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