Erick Huehuetzin

LS731

Las elecciones significaron un respiro al régimen, pues de alguna forma la “democracia” burguesa sigue -aunque ya muy corroída y cada vez con más complicaciones- y la aplicación de las reformas estructurales aún está en la orden del día, incluso presentando dificultades técnicas. No obstante, la crisis del régimen continúa, a pesar de que la movilización por Ayotzinapa ha disminuido considerablemente, la gobernabilidad sigue siendo un problema para las instituciones del Estado, la capital del país no es la excepción -especialmente porque es pilar geográfico central del Estado mexicano, donde coinciden los poderes de la unión y los tres niveles de gobierno- pues es aquí donde llegan las oleadas de luchas magisteriales, surgen resistencias populares y vecinales en contra el avance de las privatizaciones en servicios como el agua y la luz, o bien contra los megaproyectos, planteados a diestra y siniestra sin siquiera tomar en cuenta la opinión del pueblo -ya que al parecer el slogan de “decidamos juntos” quiere decir completamente lo contrario. Dichos proyectos de “desarrollo” urbano han pisoteado a la constitución en cuanto a los cambios de uso de suelo, licitaciones, uso de fondos, presupuestos, concesiones de uso de recursos, restricciones ambientales, etc.  Estos megaproyectos beneficiarán a grandes capitales nacionales y transnacionales, amigos, compadres y familiares de los aristócratas amarillos en contubernio con los tricolores a nivel federal.

El ocaso del “sol Azteca”

Los resultados de las urnas en el DF fueron sorprendentes para algunos, sobretodos para los apegados a la vieja “esperanza” amarilla hoy en derrota. El Partido de la Revolución Democrática entró en una grave crisis que se venía asomando desde su creación, sus contradicciones internas y su planteamiento político reformista y oportunista lo han llevado -como muchos de los partidos de supuesta oposición o de “izquierda” en Latinoamérica- a irse plegando cada vez más al centro-derecha en el espectro político. No cabe duda que el partido amarillo ha sido reproductor de actitudes deplorables que hipócritamente reprochan al PRI (siendo que siguen sosteniendo cínicamente alianzas con él) y al PAN, dejando en claro que son fieles a los intereses económicos y particulares de la clase burguesa, es decir, opuestos al pueblo. El gobierno de Miguel Ángel Mancera se distinguió por sus políticas represoras a las movilizaciones sociales, ataque a los derechos laborales (pues la capital fue una de las primeras en sufrir los embates de la reforma laboral), megaproyectos (ZODES, renovación de la Merced, corredor Chapultepec, etc.), corrupción e impunidad (como el encubrimiento de Marcelo Ebrard ante los desfalcos de la línea 12). Todos estos hechos asomaban indicios de ese castigo electoral, frente al cual, muchos no dudaron en salir corriendo a cobijarse en MORENA -la nueva alcantarilla-, u alguno de los ya conocidos partidos chiquitos -otras alcantarillas más.

El PRD busca evitar la caída libre, hace unas semanas Mancera recordó su intención de aumentar el salario mínimo, éste aumento en el DF no resolverá de entrada la crisis de las familias trabajadoras capitalinas, pues en verdad no hay un interés por ello, lo cual tendría que implicar medidas más profundas y amplias, sino que contrariamente es una forma de dar “buena cara”. Otra maniobra tintada de oportunismo fue cambiar su gabinete a uno más “izquierdista” -abanderado por la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo-, Patricia Mercado extitular de la presente administración en la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo (excandidata a la presidencia de la república en las elecciones del 2006, exmilitante del Partido Alternativa Socialdemócrata que seguramente es un contrapeso para AMLO y Morena como estrategia del PRD en caso de que Morena no le acepte la insinuación de alianza electoral) se encuentra ahora en la Secretaría de Gobierno y, en su lugar en la STFE, llegó Amalia García (ex “socialista” y exdiputada por el PRD, posible contendiente de Ricardo Monreal para el DF en 2018). Otra más es Alejandra Barrales, (quien no sólo dio la espalda al sindicato de sobrecargos tiempo atrás sino que también es ahijada política de René Bejarano), es la nueva secretaria de Educación, quien hará avanzar la reforma educativa en el DF.

¿Cuál fue el sentir del electorado capitalino en éstas elecciones?

Sin lugar a dudas el peso del voto nulo en la capital aumentó proporcionalmente respecto a las elecciones pasadas, es importante mencionar que esto lo logró a pesar de no contar con presupuesto público, de tener canales de comunicación limitados, de ser hostigada por grupos porriles de los partidos y cuerpos policiacos, y de tener una intensa lluvia de ataques por parte de los sectores proinstitucionales -quienes a pesar de todo lo que ha hecho el gobierno, dicen que debemos de seguirles haciendo el juego y aguantarnos-. El voto nulo aplastó a los partidos minoritarios y alcanzó el 7.4% del total del padrón. ¿Qué quiere decir esto? que precisamente éste sector que anuló está completamente convencido de que no hay alternativa dentro de los partidos políticos existentes, de que los intereses de la gente no son respaldados por ellos, sino lo contrario, y que ante ello, no desistió de emplear su voto como medio de protesta. Otro porcentaje bastante visible, aún fiel de las instituciones, prefirió “castigar” al PRD votando por Morena, ya sea por no ver otra alternativa o porque creen que Morena es la “salvación”.

Morena, la “esperanza” tambaleante.

Ante el descrédito de las instituciones del régimen, la situación de los partidos es crítica. En primera porque éstos ni siquiera han llegado a ser completamente útiles para los grandes empresarios y grupos de poder -no se diga al pueblo-, en muchas ocasiones hemos visto a lo largo y ancho del país, como empresas y cárteles ponen y quitan funcionarios y candidatos. Los partidos políticos mexicanos y muchos otros a lo ancho del mundo, se han convertido en agencias políticas, franquicias, organismos para el desvío de recursos, enriquecimiento ilícito, etc. El GDF ha sido un claro ejemplo de este tipo de prácticas patrimonialistas de gobernar. Por ello, Morena ha resultado para muchos el referente político, más su contradicciones e inconsistencias internas dejan ver ya algunas similitudes con el destino del PRD; el programa político de MORENA promete mucho, haciendo en lo contundente poco o nada; AMLO menciona que cuando sea presidente echará atrás las reformas estructurales, que podrá hacer frente a la crisis y que meterá a la cárcel a los políticos corruptos, etc., asemejándose a la “estrategia” de Francisco I. Madero llamando a una revolución desde la cúpula política y queriéndola cancelar meses después, pretendiendo hacer algún cambio sin en verdad cambiar nada. Morena posiblemente podrá ganar las siguientes elecciones del 2018 en el DF para la jefatura de gobierno, pero su mismo programa lo dirigirá a la contención de las luchas sociales y, por esa vía, al declive -como al PRD- en función del ascenso o descenso de la movilización, ya que no es un partido revolucionario, sino del régimen. La política frentepopulista de AMLO no es otra cosa que la contención del descontento social para su desmovilización, el encabezamiento de un programa “democrático-burgués” -es decir, dentro de los límites del sistema capitalista (con “rostro humano”)- que limita la perspectiva de lucha y que se conforma con la tradicional negociación con el régimen, aun así, sabemos que gran parte de las bases del Morena y de sus simpatizantes, han salido a luchar a pesar de la ausencia de convocatorias desde sus dirigencias; con ellas y otros sectores dispuestos a luchar, buscaremos la mayor unidad en la acción para echar abajo las Reformas Estructurales del régimen.

La izquierda en el Distrito Federal comparte la crisis de la izquierda nacional e inclusive mundial, es la crisis no sólo de los trabajadores y de las masas, sino de las direcciones del movimiento. Es necesario aglutinar los esfuerzos más consecuentes en levantar una alternativa política, que más que incidir en el proceso electoral, sea capaz de hacer cumplir la voluntad popular por el pueblo mismo. Las elecciones dieron muestra de la necesidad de llenar ese hueco que reivindique las demandas sociales y las lleve más allá de una simple urna, más allá del marco institucional ya de por sí obsoleto para resolver las demandas históricas del pueblo. Reconocemos por esto, la carencia de un Partido revolucionario y clasista que satisfaga las demandas y tareas históricas del proletariado y el pueblo, pero debemos forjar ese camino y dar pasos firmes sobre él para lograrlo. Desde la Agrupación de Lucha Socialista incitamos a articularnos y construir esa alternativa, enriqueciéndola con perspectivas consecuentes que desde la acción y discusión coincidan en la unificación de esfuerzos revolucionarios.

Por un Frente Nacional de Lucha!

Fuera partidos del régimen!

Por un partido obrero revolucionario!